Luisito: «Llevo noches sin dormir. Esta situación me supera y estoy muy agobiado. Temo por mi madre»

El veterano entrenador gallego, actualmente al frente del Fabril, muestra su cara más humana ante la crisis sanitaria que azota el mundo


«Lo estoy llevando muy mal. Lo reconozco. Llevo noches sin dormir. Estoy superado. Agobiado. Temo por mi madre. No me agobio por mí, porque trato de llevar a rajatabla todo lo que marca sanidad... Pero me es imposible porque tengo que coger el coche y desplazarme hasta junto mamá, que vive en Teo y yo en Santiago. Estoy con ella todo el día y, por la noche, de vuelta a casa para pasar un rato con mi mujer y mis hijos. Es súper estresante. No ya en el plano físico, sino mental. Cada día más infectados. Ves que la gente se va muriendo. Mucha gente mayor. Y yo pienso en mamá. Y me angustio». José Luis Míguez Iglesias, Luisito, (Teo 1966) aparca su imagen más beligerante. La de ese entrenador intenso. De palabra brusca y gesto intimidatorio. Y muestra su lado más humano, mientras cuida a Matilde, la madre que los parió a él y a doce hermanos más.

—No hace falta preguntarle si le preocupa mucho la situación porque ya se percibe.

—Temo por mi madre. Cómo no voy a temer. Porque nunca sabes lo que puede pasar. Tratas de llevar todo a rajatabla, pero es el miedo más grande que tengo. Llevo noches sin dormir. Sé que con agobiarme no hago nada. Pero lo llevo mal. Con el paso del tiempo espero que vaya a mejor…. Supongo que habrá cincuenta mil personas en esta situación, pero no es agradable. Lo único que te hace es recapacitar y ver que nadie pensaba que a estas alturas en el siglo que estamos esto iba a pasar, A ver si con esto, solo pido que la gente se dé cuenta de que hay que ser más solidarios y no ser tan malas personas. A ver si la vida nos da una lección a todos. Hay que ser solidarios, porque cuando menos te lo esperas te pega un revés de estos y te vas para el otro mundo siendo una mala persona por egoísmo. Es lo que más detesto.

—¿Teme caer en una depresión?

—No, porque de mente soy una roca. No sufro por mí, sino por los que me rodean. Pero son cosas que hay que pasar y llevarlas de la mejor manera posible. Entiendo a la gente. Mis hijos detectan que me encuentro mal, pero cada uno es como es.

—Y cuando ve imágenes como las recientes de Madrid, con miles de coches yéndose de fin de semana, ¿qué siente?

—Lo llevo muy mal. Siempre atento a las noticias. La gente joven se siente Supermán, pero yo les diría que recuerden que estamos aquí gracias a nuestros padres y abuelos. El mejor homenaje que podemos hacerles es cuidarlos lo máximo posible estos días y, sobre todo, acatar las normas que nos imponen. Inconscientes los hay en todo el mundo, no solo en Madrid. Pero yo a todos los que no cumplen las normas, los metía una semana en el calabozo sin ver la vida.

—Un concejal de la CUP en Vich ha escrito en Twitter que los catalanes deberían toser fuerte en la cara al ejército para que abandone Cataluña.

—Me parece muy triste. En estos momentos, hay que aparcar ideologías. Todos somos personas. Pero hay que respetar. Si esa persona dice eso, pues como persona ya sé lo que me puede aportar. Queda en muy mal lugar. Puedes tener ideas, hay que respetarlas, pero ante la salud… Sin salud no eres nadie.

—¿Y qué hace usted estos días, además de cuidar a su madre?

—Como diría el otro: «Mi cabeza no para». Maquino muchas cosas. Trato de que mi mujer y mis hijos estén bien, pero mamá, que va a hacer 91 años... Intento que esté distraída. Ella pregunta. Es mayor, pero la cabeza le rige muy bien. No tiene un pelo de tonta. Y luego, pues, lo que hace todo el mundo: estoy pendiente de las noticias y veo fútbol. Mucho fútbol. El día a día se me pasa rápido, no crea.

—Habrá tenido tiempo también para pensar qué le pasa al Fabril, que no arranca.

—Para eso no me hacía falta estar confinado. Yo reflexiono mucho todos los días. Y le diré que estoy muy contento con los chavales. Es un equipo muy joven. El más joven de la categoría. Hacía años que no había un Fabril tan joven. Muchos, además, son de fuera y tienen que adaptarse... Si llegó un nigeriano que no entendía nada, acostumbrado a un fútbol diferente. Todo necesita un proceso. Los de fuera mientras se adaptan pasa un tiempo… Después, también está que el equipo, desde pretemporada hasta que llegó Fernando [Vázquez], andaba de un lado para otro. Había días que solo tenía 12 jugadores para entrenar. Pero no me quejo. Lo veo normal. Yo priorizo que los futbolistas traten de llegar al primer equipo a los resultados. Por eso, en muchos campos no fui a amarrar el resultado para tener ahora más puntos. No. Preferí que los jugadores se lucieran. Podía haber hecho lo contrario, pero no tendría la conciencia tranquila. Creo que el Fabril no puede ir a ganar como un equipo pequeño que necesita los puntos para entrar en play-off. Nadie me ha puesto como objetivo el ascenso, así que yo pregunto: ¿Qué es mejor, que Mujaid se asiente en el primer equipo y debuten cuatro o cinco o disputar el play-off? Yo lo tengo claro, el play-off puede ser comida para hoy y hambre para mañana. Le voy a decir una cosa. Yo, como entrenador, ya quedé campeón con tres equipos diferentes. Ahora lo que me motiva es que los futbolistas crezcan cada día. Y lo veo con Alberto, Juan, David, Gandoy, Valín, Kanouté...

—Lo difícil en estos casos es coincidir con el club.

—En este caso ya lo hemos hablado y estamos de acuerdo. He tenido conversaciones con Richard Barral, con Albert Gil y con Fernando Vázquez. Y los tres piensan como yo. Es mejor tener un Fabril en Tercera si van subiendo jugadores, que uno en Segunda B y que no haya promoción de futbolistas.

—¿Sabe algo de su futuro?

—No me preocupa. Yo me dedico a ser feliz con los niños. Enseñarles todo lo que sé. A trabajar como un condenado y a intentar que disfruten. Están a un paso o medio paso del primer equipo. Eso es lo importante y no mi futuro. El resto no es cosa mía. Yo voy a ser profesional hasta el  último día. Es la idea que tenía de futbolista y la que mantengo de entrenador: cumplir siempre hasta el final.

—Tiene una ventaja respecto a sus colegas de profesión, y es que el fútbol no es su sustento. Usted es funcionario.

—No se equivoque. Mi sustento y mi vida son el fútbol. Vivo por y para el fútbol. Me quita muchos años de vida. Tengo un trabajo en el que solicité la compatibilidad [funcionario en el Concello de Teo]. Pago mis impuestos. Lo que tengo que pagar. Y mi vida es el fútbol. Pero en su momento prioricé estar al lado de mi madre antes que solucionarle la vida a mis hijos. Tuve ofertas de muchísimo dinero para cambiar de aires. Pero no lo hice. Porque, quedándome, creo que puedo devolverle a mi madre parte de lo que ella dio criando diez hijos y dos nietos. Me hubiera gustado haber entrenado, como tuve oportunidad, a equipos grandes en Segunda. Pero decidí que no. Y ahora estoy en un club muy grande como es el Deportivo. Y no me quejo.

—Con el baile de entrenadores que hubo el año pasado en el primer equipo del Deportivo, ¿no soñó en algún momento que quizá le tocara a usted?

—No. Si algún día tengo que hablar, lo haré cuando no esté en el club. Solo me centré en ayudar a Anquela, luego a Luis César y ahora a Fernando, al que conozco de muchísimos años. Lo dije antes cuando hablábamos del coronavirus. No soy de ese tipo de personas... En el mundo de los entrenadores, todos hablamos mal de todos y eso lo llevo muy mal. Ahora mismo sería muy mala persona, y no considero que lo sea, si estuviera pensando que ojalá cayeran los entrenadores… Si tiene que venir, vendrá. Pensar lo contrario es de malas personas. 

—Dice que ya hablará cuando no esté en el Deportivo. ¿Significa eso que tuvo alguna posibilidad?

—No quiero hablar de eso. Lo diré cuando acabe esto. ¿Para qué hablar? Lo único que quiero es que el Deportivo se salve. Que lo va a hacer. Hablar de eso no procede ahora.

—Volvamos al Fabril. ¿Puede aspirar aún al ascenso?

—Falta un mundo y tenemos posibilidades. Aunque a ver cómo acaba todo esto que nos está pasando más allá del fútbol. Pero le insisto en que me preocupan otras cosas. Mire. Hemos jugado partidos a un altísimo nivel. No es hablar por hablar. Tengo niños con 18, 19, 20 años, que cometen errores que con 25 ya no tendrán. Como sabía que ese peaje había que pagarlo, no me importa. Todos los futbolistas han mejorado desde principio de temporada, y eso me hace estar supersatisfecho. Que un jugador que estaba desahuciado como Mujaid, que ojo que él había hecho mucho para eso, después de hablar mucho con él, convencerlo y reconducirlo haya conseguido consagrarse en el primer equipo, me dice más que ascender, Ojo, si el presidente me dice que hay que ascender, cambio la filosofía, pero mientras, no.

—Pero si el club le pide ahora que cambie la filosofía y usted lo hace, actuaría en contra de sus principios.

—Pues entonces, habría que cambiar el planteamiento, reforzarnos con dos o tres veteranos y eso hay que asumirlo. Yo, ante todo, soy un hombre de club. Me debo al Deportivo y a lo que sus dirigentes digan. Pero creo que lo que hay que hacer es lo que se está haciendo, apostar por niños y tener paciencia. Es que esto tampoco es tan fácil. Mire el Castilla. Muchos van a ser grandes futbolistas a nivel europeo, pero no están consiguiendo que su equipo sobresalga respecto a otros mucho más pobres. Y ha pasado muchas veces. Salvo casos excepcionales, como en la época de la Quinta de Buitre, el Castilla nunca se paseó. Cuando el Fabril ascendió siempre había más jugadores experimentados y gente con peso. El club sabía que no iban a llegar al primer equipo, pero sí que harían su papel en el filial. Y se subió. Ahora no es ese el planteamiento.

—Constantemente, recuerda el salto que dio Mujaid desde que usted llegó al Fabril hasta la actualidad. ¿No le preocupa que lo tachen de oportunista?

—No lo pongo de ejemplo para colgarme yo medallas. No me hace falta. Ya las tengo todas. Yo lo pongo de ejemplo para que se reflejen en él los niños, que se puede llegar con trabajo. Cuando yo llegué era un juvenil que estaba apartado, porque había hecho méritos para que lo apartaran, también se lo digo. Pasó de parecer que se iba a comer el mundo y jugar en el Manchester a estar desahuciado. Yo hablé con él, trabajé, le di consejos y encontró su camino. El mérito es todo suyo, pero a mí me gusta ponerlo de ejemplo para que se vea que se puede llegar. Nunca haré público lo que Mujaid y yo tenemos hablado. Pero él lo sabe. Le hice ver al niño que ese no era el camino. Pero, ahora, con 53 años, no tengo necesidad ninguna de colgarme medallas. Créame.

—¿Cree que se acabarán anulando los campeonatos?

—La Primera y la Segunda División no creo, porque ahí prima el interés económico. Aunque también le digo, como algún futbolista dé positivo, ya pueden hilar fino el señor Tebas y el resto de la gente. Espero que a nadie se le ocurra poner la salud de los futbolistas en peligro por dinero, pero, de momento, es lo que veo. El resto, imagino que se suspenderá todo.

—¿Mejor cancelar que retrasar la continuación? Y, en caso de suspensión, ¿cuál cree que sería el resultado más justo para la clasificación?

—Tenga en cuenta que tras este parón habrá que hacer minipretemporadas. Y el final de Liga se encontrará con el inicio de la siguiente. Yo creo que habría que anular este año. Porque a mí que tampoco me hablen de primera vuelta y de gaitas. Yo no entiendo de eso. Yo miro que tenemos 38 partidos y me da igual si son de una vuelta o de otra.

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