Resucitar, como el Salamandra

Emre Çolak encarna al jugador técnico falto de rodaje que Fernando Vázquez ya supo explotar para el Dépor con Sissoko


A Coruña

Solo salió dos minutos a enfrentarse al Sabadell. Apenas tiempo de contactar con la pelota, pero suficiente para que Riazor pudiera apreciar su perfil, con esa barriga rebosante de inactividad. Sissoko quedó marcado enseguida, recién llegado del Saint-Ettiene, pero el escarnio de febrero se transformó en aplausos mediado marzo y el marfileño ya se había ganado a la grada para cuando el Tenerife empató en A Coruña, aún por estrenar abril. «Debe de haber algo que ha parado su desarrollo como jugador. A ver si encendemos la chispa. Yo voy a trabajar para ponerlo en forma. Es como si respondiera con desconfianza, como si estuviera un poco hastiado, como si se sintiera defraudado o engañado. Pero pienso motivarlo lo suficiente. Confío en él». Fernando Vázquez creyó en el portador de la salamandra y lo moldeó hasta convertirlo en icono de una época feliz. La del último ascenso, cuando el mercado invernal descargó en el Dépor seis futbolistas con la misión de subir.

El de más calidad apareció pasado de peso, acumulado durante seis meses en los que no llegó a los cien minutos de competición. La misma imagen sospechosa con la que se presentó Ryan Babel, rescatado del paro en septiembre del 2016. Un año había pasado desde su última titularidad con el Al Aín emiratí. El internacional holandés provocó carcajadas cuando debutó ante el Lega y terror cuando optó por abandonar el club blanquiazul al expirar su contrato en enero.

Babel y Sissoko compartieron al llegar al Deportivo —con dos años y medio de diferencia— condición de referentes a nivel técnico y de futbolistas con sobrepeso. La baja forma, fruto de la falta de acción, ralentizó su progresión y privó al equipo de sus servicios durante muchos minutos. Algo que no se puede permitir Fernando Vázquez en su retorno al conjunto coruñés.

El primer jugador en incorporarse a las filas del de Castrofeito ha sido Emre Çolak, pieza única en un plantel desprovisto de enganches con su capacidad para el último pase —puede dar fe Longo, receptor de un envío medido durante el primer entrenamiento del turco—. Trae su lastre: desde el 10 de enero del 2019, el mediapunta solo ha disputado un encuentro oficial. Algo que el propio futbolista ha tratado de contrarrestar por cuenta propia. «Físicamente estoy muy bien, he estado trabajando con un entrenador personal y solo me falta entrenar un poco más con el equipo», afirmó al presentarse de nuevo en sociedad.

Como producto de esa preparación individualizada, no hay rastro de excesos en las piernas o la barriga de Çolak, pero el ritmo necesario para competir solo se obtiene al jugar. Acelerar la puesta a punto tiene además el riesgo de lesión y el nuevo cuerpo técnico no está dispuesto a correrlo. Por eso el plan es el del trabajo progresivo con una pauta específica que concluirá, si todo va bien, su primera etapa en Salamanca. Allí, ante el Unionistas en Copa del Rey, podría reestrenarse el turco, a quien luego esperan dos choques ligueros en solo cuatro días en Riazor.

La historia reciente del Dépor reúne varios casos de jugadores reclutados en un momento difícil de sus carreras. La entidad del club lo convierte en destino apetecible para relanzar trayectorias, aunque el riesgo en los fichajes tenga como resultado fiascos como el de Muntari. Lo que busca Fernando Vázquez es su próximo Sissoko.

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