Como ya ocurriera con Anquela, el Deportivo del arousano firma sus mejores minutos cuando el entrenador tiene pie y medio fuera del equipo, después de lograr su primera victoria en Liga
22 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.Les habrán fallado los resultados, las sensaciones, y prácticamente cada apartado de la estadística, pero a los últimos entrenadores del Dépor no se les puede negar el dominio de las despedidas. «El fútbol me lleva matando mucho tiempo y todavía no me he muerto. Espero sobrevivir, y si no sobrevivo, mala suerte», dejó dicho Anquela después de que su versión del conjunto blanquiazul diera por fin sensación de solvencia. «El trabajo de mis futbolistas no se ha visto recompensado», lamentó el jienense pocas horas antes de ser cesado. 65% de posesión, y seis tiros a puerta por ninguno del Almería, que también perdió claramente (12-0) la cuenta de saques de esquina. Al técnico le faltó el gol que su relevo encontró en el descuento. Un tanto sanador que si no propicia el indulto, al menos siembra la duda. De estar todo atado para el relevo, Luis César habrá cumplido con la reciente tradición de retirarse en lo más alto.
No es tampoco una altura bárbara, pero sí la mayor cota alcanzada por los coruñeses bajo la dirección del arousano. En cuanto a sensaciones, no ha habido otras como las del primer tiempo, con el Tenerife convertido en ese pelele que tantas veces ha sido el Deportivo de esta campaña. Hubo dominio del balón (el 55% del tiempo), más cantidad de disparos (8-3) y un penalti derrochado por Aketxe. Hubo hasta un gol, de Christian Santos, para que Luis César pudiera por fin ver a los suyos adelantarse en Liga. Los primeros minutos al frente, tras 920 consumidos.
Vuelta al doble pivote
Funcionó la nueva fórmula, que tuvo mucho que ver con una antigua. Retorno de caras conocidas como la de Bóveda, eliminando el único rastro del Fabril para dejar el trance en manos veteranas, y vuelta al doble pivote, porque la solidez había perdido peso como argumento para poblar la medular, con la salvación a tiro de muchas victorias. Doble punta para pisar área y extremos para suministrar balones, aunque escasearan los centros (los buenos han escaseado siempre; no hay quien los ponga) y fuera uno de los dos delanteros el que tuviera que servir el envío propicio desde una banda. Máxima implicación defensiva, mientras aguantó el cuerpo. «Los de arriba se me fueron cayendo y fuimos desenganchando las líneas», lamentó el míster.
Si perdieron fuelle en las tareas de presión fue porque alguno acumuló tres horas de juego en cuatro días, tras haber tenido racionadas sus intervenciones, como en el caso de Santos. El venezolano hizo doblete, junto a otros cuatro compañeros -la mitad de los jugadores de campo- porque la urgencia de victoria no admitió reservas en Illueca. «La dinámica ha cambiado. Hemos ganado un partido, nos hemos puesto por delante. Lo ganamos en Copa, nos pusimos por delante en este. Hemos ganado», se felicitó Luis César después de que el duelo se completara con otro par de elementos ausentes hasta la fecha. Éxito por fin a balón parado -una suerte que siempre ha cuidado el técnico arousano- y, ya en el descuento, la imprescindible fortuna. La llama, por fin. Si el entrenador sale, se deja la luz encendida.
Emoción desatada tras tanta tensión
«He sentido rabia, ha sido mucho tiempo sufriendo». Peru Nolaskoain desmintió haber llorado de felicidad, como apuntaban las imágenes de su eterno abrazo con Dani Giménez, pero admitió el giro emocional que supuso la agónica victoria ante el Tenerife.
«Lo pasamos mal, hemos tenido que apoyarnos», denunció el jugador vasco en zona mixta. Palabras que llevaban hasta uno de sus compañeros sobre el césped. A Lampropoulos sí que se le escaparon las lágrimas. Un montón de ellas.
El central griego representa mejor fielmente la situación vivida por varios miembros del plantel blanquiazul. Ha singularizado los desatinos de la primera vuelta. Fichaje atado antes del cambio de curso, su pretemporada no auguraba nada bueno y las sensaciones cuajaron en El Montilivi con un despropósito que llevó al veterano zaguero a salir a zona mixta y pedir disculpas públicas.
El ejemplo de Lampropoulos
Después de aquello, entró en cuarentena, y retornó mucho más solvente, minimizando las complicaciones. Sin embargo, esa versión mejorada también fue palideciendo y destiñó por completo en Ponferrada, con una acción, la del segundo tanto local, que volvía a desnudar preocupantes carencias de todo tipo. Finalmente, solo fue el previo a un nuevo resurgir de Vasilios. Su actuación frente al Tenerife volvió a rozar el notable, exceptuando un grave despiste compartido con Bóveda que solventó Dani Giménez.
Cerrado el choque con triunfo, tras 19 sin lograrlo, el central alivió su tensión a borbotones y lloró desconsolado, apenas oculto bajo su camiseta, mientras varios compañeros se arrimaban a darle ánimos. Muestra de conexión del plantel, ya percibida en la montonera que se formó tras el gol de Peru. Futbolistas que, como recordaba Luis César, «no eligen estar en esta situación, pero les toca. Tienen que salir de ella».