No hay ningún miembro de una plantilla al que el fútbol maltrate tanto como a los porteros suplentes. Los entrenadores han convertido en mantra que la portería es la posición que más estabilidad necesita y que mejor no tocar demasiado, para mosqueo --imagino- de delanteros, centrocampistas y defensas que ven cómo pasan del once a la grada con fluidez y naturalidad. Nadie le niega a Dani Giménez que ha sido una pieza fundamental el año pasado. Puede que la más importante. Pero en el fútbol se vive y se sobrevive en el día a día, ese que le señala tras los duelos ante Málaga, Fuenlabrada o Elche. Nadie reclama un destierro sine die. A día de hoy sigue siendo el mejor guardameta del equipo y uno de los mejores de la categoría. Pero su momento de forma está claro que no es el mejor y nadie entendería que si hay alguien en el banquillo con posibilidades de hacerlo mejor, no se toque nada por miedo a desestabilizar. ¿Por qué no probar? Peor no se puede estar.