Martí, otro buen tipo por el que nadie llorará


Si era el indicado o no, ya no lo sabremos. Martí fue como casi todos los anteriores. Breve. 13 partidos. Dos meses y dos días entre su debut y el fiasco. Un buen tipo por el que nadie llorará. Quizás lo mejor sea que se vaya. Que a nadie sorprende su marcha, es seguro.

Ahora hay que elegir a un nuevo entrenador para una larga campaña en Segunda. Otra vez. Habría que acertar. Pero por encima de todo hay que apostar. Que el que venga vea en el ascenso una ilusión impermeable a la presión. Porque va a llover. Joven, mayor, exfutbolista o no, simpático o desagradable, pero que sepa de fútbol. Que esté preparado. Que tenga una idea y que sea compartida por todos los escalones del organigrama y que la fecha de caducidad de su propuesta no termine en junio del año que viene.

Jagoba Arrasate, Diego Martínez y Vicente Moreno. No los conocía nadie y fíjense. Manuel Mosquera estaba en casa, fracasó en su intento de ascender al Fabril, se marchó y fíjense.

La conjunción de elementos en estos años ha sido tan perfecta que el Deportivo sigue atrapado en una pesadilla recurrente. Acorralado al final del tablón que asoma por la borda de un barco pirata, haciendo equilibrios tratando de esquivar la espada de la deuda y detrás, sin posible escapatoria, los tiburones de la Segunda. Sin margen para la paciencia. Sobrevivir como planificación deportiva. Y de este mal sueño no había posibilidad de despertarse empapado en sudor y volver a intentar dormir. El único y pírrico alivio era cambiar al protagonista del drama. Ahora ya, entre aletas, se debe ser valiente y no titubear.

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Martí, otro buen tipo por el que nadie llorará