Decepción


Decepción. En la ida, quizás no fuimos todo lo ambiciosos que debíamos en la primera parte. Desde el punto de vista táctico a veces los planteamientos son más o menos acertados. Hoy parece que no. El planteamiento conservador, que no tenía por qué ser malo de inicio, se vio perjudicado por la ausencia de Bergantiños, el pilar sobre el que pivota el posicionamiento y el trabajo defensivo. Faltó eso y entonces jugaron dos medios centros más de conservación de balón y de posesión. Al no tener esta última no pudieron brillar en defensa, pero tampoco los deportivistas pudieron hacer su fútbol a nivel de ataque.

¿Y los desaparecidos? Quizás faltó Cartabia, aunque solo fuese para cobrarse faltas y así el equipo pudiese ganar seguridad y crecer. Quique trabajó sin más. Carlos no fue el que nos entusiasmó durante la liga. La carencia de esas individualidades llevó a la superioridad de un Mallorca que poco a poco fue poniendo piedras sobre la tumba del Dépor. Y lo que es más triste para la afición deportivista es que este no buscó el único gol que le daba el ascenso.

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