El rondito de la humillación


Transcurría el minuto 73 del partido cuando un grupo de jugadores del entonces todavía decimonoveno clasificado (puesto de descenso) se ponían a hacer un rondito en el medio del campo frente a la impotencia de los integrantes del tercer tope salarial más alto de la Segunda División.

Esa imagen, que podría no pasar de anecdótica, cobra importancia porque describe perfectamente el momento de un Deportivo que cada semana que pasa parece haber tocado fondo, pero que a la siguiente demuestra que todavía había más metros de pozo por descubrir.

Un humillante rondo que solo Mosquera fue capaz de parar metiendo el pie para cometer una necesaria falta. Sí, Mosquera. Ese jugador de buen pie al que nadie situaría entre los más echados pa’lante. Malo cuando hay que recurrir a la plaza Maestro Mateo para enseñar los dientes.

El triunvirato que forman Tino Fernández, Carmelo del Pozo y José González-Dans se marcaron el pasado verano el objetivo de hacer limpieza en el vestuario tras la vergonzosa temporada. Detectado, según ellos, el mal, la solución parecía sencilla. Prioritario lograr un grupo sano. Y mientras todo fue bien, el grupo sonrió y estuvo unido. Una balsa de aceite. Pero esa plantilla de chicos tan educados adolece de gente que enseñe los dientes, como hizo Pedro Mosquera, cuando hay que morder. Porque las plantillas igual que tienen porteros, defensas, medios y delanteros, también precisan disponer de un par de cabrones para que actúen tanto de puertas hacia dentro como hacia fuera. Si los hay, no se ven.

Natxo González fue destituido, sin lágrimas en el vestuario, cuando Riazor se había convertido en un chollo para los visitantes. Tras dos semanas con Martí, los rivales hasta se atreven a hacer ronditos en el campo de uno de los nueve campeones de la Liga española. En un estadio que hasta hace nada imponía respeto y en el que a principio de temporada los rivales venían a encerrarse. Para cuando el mallorquín conozca lo que tiene y deje de experimentar el equipo ya solo puede ir para arriba. De momento, toca sufrir ronditos de humillación.

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