La afición, tranquila, no podemos bajar


Lleva 53 puntos el Deportivo, ya por encima de la tradicional frontera de la permanencia en Segunda. El estadio de Riazor tiene las nuevas cubiertas. La iluminación permite nuevos efectos sobre las gradas. La gigantesca deuda de Lendoiro está encarrilada. Los chavales de la cantera no ganan, pero sí entrenan felices en Abegondo. Todo sigue en orden. En definitiva, la afición tiene que permanecer tranquila, porque el equipo, con este colchón de puntos, no puede bajar, y el resto tiene arreglo porque si no se sube este año será el siguiente, por el capricho de la pelotita que no quiere entrar.

El Deportivo se ha instalado en la mediocridad, en la resignación ante un bajón iniciado en diciembre y que en enero ya se convirtió en una primera crisis. Como si diese igual acabar segundo que finalizar cuarto, cuando la diferencia resulta obvia y abismal. Mientras la plantilla se acomodaba y bajaba su rendimiento, el mensaje del club fue siempre de tranquilidad, confianza, felicidad. De dejarse ir. Como sucedió con los fichajes del mercado invernal, cuando era evidente que el vestuario necesitaba más competencia, talento en determinados puestos y futbolistas diferenciales. Nada de eso incorporó el vestutario. La voz más crítica con el rendimiento del equipo la eleva Natxo González desde hace semanas. A cada golpe, ha respondido con sinceridad admitiendo los problemas del Dépor y hasta el debate sobre su futuro.

A su alrededor nadie da la cara, no se impone el discurso de la necesidad de reaccionar, nada indica que ha llegado el momento de ofrecer más. Porque esto no llega. Siempre que nadie se conforme con la permanencia, porque esa sí está garantizada.

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