Un técnico con muchos peros, pero...


Puede gustar más o menos como entrenador. Está claro que ha cometido errores, tanto de inicio, como durante los partidos. Tarda un mundo en efectuar los cambios, incluso cuando las cosas no van bien. El juego, en líneas generales, no es el que enamora a cualquier amante del fútbol para el tercer tope salarial de la categoría. Y, por encima, no está en puestos de ascenso directo.

Todo eso, que es cierto, provoca que en épocas de malos resultados los más impacientes puedan llegar a cuestionar la idoneidad de Natxo González para ascender a este Dépor.

Sin embargo, incluso a pesar de esa realidad, el equipo está bien situado, con opciones intactas y, si algo no se le puede discutir al técnico es su capacidad para sobreponerse a las circunstancias. Para adaptarse a las exigencias del partido. Para modificar sus planteamientos. Para tener la plantilla enchufada. Eso también es labor de un buen entrenador.

Tras un inicio de temporada ultraconservador en cuanto a modificar sus planteamientos, Natxo se ha ido adaptando al medio y a las necesidades del equipo. Primero quiso que el grupo se aprendiera de memoria el 4-4-2 con el tan comentado rombo. Pero, entre la complejidad de adaptación que exige el esquema, y que los rivales se lo fueron cogiendo, le dio una vuelta. Tres centrales; 4-3-3 con extremos; 4-2-3-1 trabajado durante la semana para poner en cualquier momento; 4-1-4-1 para ganar en Granada... E, incluso, durante los partidos ha sabido reaccionar. Como en Los Cármenes, que acabó con cinco atrás ante la previsión de un bombardeo aéreo.

El ascenso se logra en junio y, hasta entonces, como dijo ayer el técnico, lo importante es «estar ahí atrás dando por saco». Él, con sus vueltas de tuerca, lo está logrando.

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