Diego Tristán, el genio breve

El delantero de La Algaba, uno de los mejores jugadores de la historia del Deportivo, cumple 43 años


En el verano del año 2000, Diego Tristán, un joven delantero que venía de anotar 18 goles en Liga con el Mallorca, lo tenía todo hecho para fichar por el Real Madrid. Era una de las promesas electorales del entonces presidente blanco, Lorenzo Sanz. El Deportivo anunciaba en su página web el 15 de julio del año 2000 -el enlance de la noticia aún puede visitarse en la web del club- el fichaje de Catanha, delantero del Málaga. Los coruñeses abonaban 2.300 millones de pesetas más 200 millones por objetivos, por entrar el Deportivo en cuartos de final de la Liga de Campeones y por marcar el jugador más de 18 goles por campaña. «Llegará el lunes a la ciudad herculina para pasar el pertinente reconocimiento médico y ser presentado, en principio, y salvo cambios de última hora», rezaba aquel comunicado. Vaya si hubo cambios. Florentino Pérez ganaría las elecciones a la presidencia del Real Madrid y revolvió por completo el tablero futbolístico español. Diego Tristán no se fue al Real Madrid, Catanha tampoco vino a A Coruña. El Dépor buscaba un delantero y tras la negativa de Samuel Etoó -que afirmó a La Voz de Galicia que «ni loco» vendría a Galicia- Mallorca y coruñeses acordaron el traspaso de Diego Tristán. El Sevillano, tras los acuerdos frustrados con Mónaco, Fiorentina, Celta y Real Madrid, vio en el equipo blanquiazul una buena oportunidad para darse a conocer en Europa.

El resto ya es historia. Campeón de Copa del Rey (la del centenariazo con gol incluido), dos veces campeón de la Supercopa de España y pichici de la Liga con el Deportivo en la temporada 2001-2002. Uno de los puntas más elegantes que la afición coruñesa ha visto sobre el césped de Riazor.

Si se realizase una encuesta preguntando por una palabra para definirle entre los aficionados deportivistas que le han visto jugar, con toda seguridad la palabra elegida sería clase. No era excesivamente rápido. No tenía el chut más potente de la competición. Pero durante sus años más brillantes hubiese sido titular en cualquier equipo de Europa.

19 tantos en liga en su primer curso en A Coruña, 21 en su segunda temporada -la que le valió el galardón de Pichichi-. Sus espectaculares actuaciones le abrieron la puerta de la selección española. José Antonio Camacho llamó a Tristán para el Mundial del 2002 en Corea y Japón. Era, junto a Valerón y Romero, el aporte blanquiazul al combinado nacional. Pese a que comenzó como titular, una lesión le apartó del gran escaparate mundialista en el primer partido ante Paraguay y no disputó ni un minuto más. Fue el primer gran revés de su trayectoria.

Su tercera temporada en A Coruña coincidió con el gran año de Roy Makaay en A Coruña y la participación del espigado delantero decayó. Sus escarceos nocturnos comenzaron a ser públicos en la ciudad. Su supuesta afición al ocio de madrugada pronto se hizo vox populi e incluso se le dedicó algún cántico. Él siempre lo negó, pero lo cierto es que sus números cayeron de un año a otro de manera notable.

Disputó 23 partidos de liga aquel año, de los cuales fue titular en 16 en los cuales anotó 9 dianas, fueron unos discretos números en el campeonato liguero para un hombre que venía de ser el máximo anotador, pero su rendimiento en el resto de competiciones -por aquel entonces el equipo avanzaba rondas tanto en Champions, como en Copa del Rey- acabaron salvando el año. 6 goles en la Copa del Rey y otros 4 en la Copa de Europa. Diego fue perdiendo protagonismo en los siguientes años y nunca recuperaría el ritmo anotador de sus primeras campañas pese a que firmó algunos de los tantos de más bella factura de su carrera como el que le hizo al Mónaco en aquel fatídico 8-3 en el Louis II.

No fueron bien esos últimos años. Cambió su imagen. «Para que a la gente no se le olvide» de que aquí estaba Tristán. Famosas son sus declaraciones en la Rosaleda en octubre del año 2004. Diego atravesaba un nuevo bache pero reapareció, marcó y se señaló al número 9 de su camiseta. Al término del partido daría mucho juego al periodista que se ocupaba de la información a pie de campo del conjunto malaguista.

La temporada 2005-2006 es el punto de inflexión definitiva en la carrera de Diego Tristán. Joaquín Caparrós aterriza en A Coruña con su credo debajo del brazo. El exentrenador apostaba por un equipo duro y peleón, una filosofía que llevaría a cabo hasta sus últimas consecuencias. Dio igual que por medio hubiese que liquidar un talento que, con una situación económica que empezaba a ser crítica, cada vez escaseaba más en la plantilla blanquiazul. Convivieron durante una temporada. 

«En vez de cuidar a los emblemas, a los jugadores que habían hecho al Dépor grande, él lo que hizo fue totalmente apartarlos», dijo Scaloni, otro de los que Caparrós se llevo por delante aquel año, sobre el entrenador. No se quedó ahí. «Desarmó un equipo que durante 8 o 9 años había sido referencia con Madrid, Barcelona o Valencia. No nos trató bien. Él dice que es un hombre de fútbol, eso es lo que a mí me molesta, que siempre se le llena la boca diciendo que todo se queda en el campo y cuando llegan los momentos, yo que era capitán en aquella época, cuando hablaba con él en el vestuario me daba cuenta que no era la misma persona cuando hablaba con cámaras que cuando no», se despachaba el argentino en una tertulia.

El último año de Tristán en A Coruña, criticado por su estado de forma y su peso, hizo once goles con el Deportivo en 27 partidos.

Diego volvió a Mallorca donde no anotó ni un solo gol en 13 partidos, y de allí a Italia. Un gol en 21 partidos en el año en el que el Livorno perdió la categoría para no volver. Probó en Inglaterra, sin éxito, antes de volver a Andalucía para fichar por el Cádiz donde disputó su última temporada como profesional. 29 partidos ligueros y ocho goles. Poco si atendemos a lo que el delantero fue, pero al menos pudo dar muestra de su infinita clase.

Largas noticias sin el delantero hasta que en el año 2016 apareció una fotografía del delantero vistiendo la camiseta del Atlético Algabeño. El exdelantero ejercía como entrenador del equipo de su pueblo en Preferente y se vistió de corto para disputar un partido de veteranos. Su aspecto, claramente desmejorado, desató multitud de comentarios.

La afición coruñesa pudo volver a ver a uno de los mejores delanteros de la historia del club de nuevo esta temporada. El de La Algaba entregó en el estadio de Riazor a Carlos Fernández el trofeo que acreditaba al joven delantero cedido por el Sevilla como el mejor jugador de Segunda División del mes de octubre. El 9 se llevó una última ovación del que fue su público durante seis temporadas.

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Solo fueron 90 minutos de aquel 5 de noviembre del año 2003, pero en aquella hora y media los acontecimientos cayeron en cascada. Uno detrás de otro, impregnándose a las bravas en el acervo blanquiazul, tanto que década y media más tarde las imágenes siguen surgiendo pese a que haya quien ponga esfuerzo en olvidar. Dicen que cada vez que recordamos el cerebro genera nuevas proteínas para revivir esa vivencia desde cero, que al parecer nunca llegan a consolidarse para siempre. Es un proceso complejo que de vez en cuando hace que un científico lleve a otro la contraria. El caso es que para el aficionado deportivista las referencias y las imágenes, como en un mal sueño, son siempre las mismas.

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