Expósito llena el vacío

El catalán se asienta en la plaza más convulsa de los últimos cursos en el Dépor


A Coruña

Mediados de agosto. A tres días del estreno en el Carlos Belmonte, Carmelo del Pozo dejó de luchar. «Estoy peleando para que se quede», había admitido a principios de aquel mes cuando le preguntaron por la continuidad de Celso Borges, considerado pieza clave por el director deportivo y por el nuevo técnico blanquiazul. Un Natxo González que se confesó sorprendido por la salida del tico. «Era optimista, pensaba que se quedaría», manifestó consumado el adiós. A la esquina derecha del rombo le salía una calva que desde el club se intentó disimular de inmediato con un producto de importación. La llegada de Didier Moreno se anunció en A Coruña en cuanto se cerró el acuerdo por Borges con el Göztepe. El colombiano debutaría como titular semanas más tarde; en casa, frente al Sporting de Gijón. Desde entonces su presencia no ha dejado de chirriar.

Le falta control sobre el balón y el juego al único extracomunitario del plantel. El salto desde la Liga Águila, competición patria en la que ejercía de referente del Independiente de Medellín, se demostró excesivo y Moreno empezó saliendo del once para acabar en la grada en un amargo arranque de curso solo endulzado por la primera llamada a filas de su selección. Al fiasco del centrocampista le ha sacado partido un compañero de posición. Edu Expósito salió de inicio en Albacete, pero después desapareció del once hasta que, en la jornada 9, el Elche llegó a Riazor. A partir de entonces, solo dos duelos como suplente y otros ocho de titular. Cuatro, en la recta final del 2018, durante la que marcó su primer gol en el Deportivo ?fenomenal zurdazo, dedicado a su abuela Ana, ante el Numancia? y se convirtió en candidato a jugador del mes.

Un premio de calendario, el de chico de diciembre, que solo refrendaría la condición de imprescindible del joven futbolista catalán, que ha llenado de incógnito un vacío constante en la medular blanquiazul. Porque mucho antes de que Borges se fuera había ya un lunar insaciable en torno al círculo central. El Dépor ascendió hace cinco años con Juan Domínguez y Bergantiños al timón. Ninguno de los dos canteranos se hizo indiscutible en Primera y por la plaza fueron desfilando aspirantes sin llegar a convencer. Wilk, Medunjanin, José Rodríguez, Fajr, Guilherme, Krohn... Solo Mosquera llenó por seis meses el ojo de la grada, colmando las necesidades de la posición.

El coruñés resiste en busca de aquella versión. Pero será, en todo caso, como enlace con la zaga, y no en la plaza de interior. Los márgenes del rombo son de Vicente, disminuido con el discurrir de la campaña, y Expósito, fundamental. 83% de acierto en el pase, tres asistencias y un gol.

Dos temporadas y media han transcurrido desde su estreno, desapercibido entre Borges y Guilherme, en un prescindible encuentro con derrota frente al Espanyol. Tiempo incluso para un verano en el alambre de la cesión. Convertido en por si acaso. «Si se va Guilherme está Expósito», advirtió en agosto Del Pozo. «Me da igual que sea de la cantera. Si sigue a este ritmo, es jugador del primer equipo a todos los efectos», aclaró. Y así entra en el 2019, sin levantar el pie.

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