Un rojillo amamantado en Riazor

El exdeportivista Braulio cumple su segundo año como director deportivo del Osasuna


En la Sagrada Familia dio sus primeras patadas a un balón. En el Deportivo creció y se hizo futbolista. La vida se la ganó recorriendo España y Portugal en diferentes equipos. Tras retirarse como futbolista probó fortuna como técnico en el balompié autonómico. Hasta que en el 2008, hace ya diez años, el Valencia lo reclutó para su equipo de ojeadores. Desde entonces, Braulio Vázquez Benítez (Pontevedra, 1974) vive su pasión, el fútbol, desde los despachos. Desde hace ocho años, como director deportivo (Valencia, Valladolid y ahora Osasuna).

«Lo más bonito del fútbol es ser jugador, pero eso pasó y ahora me siento muy feliz con lo que hago. Tiene otros pros y contras...», explica el directivo gallego.

Lleva 8 años como máximo responsable de fichajes de diferentes clubes y en este tiempo ha podido conocer filosofías antagónicas. En el Valencia, en donde disfrutó de la participación del club en tres Ligas de Campeones, sufrió la presión de una entidad en continuo conflicto y con la eterna exigencia de ganar. En Valladolid, le tocó recomponer un equipo recién descendido. Y, ahora, en Pamplona, lidia con un histórico que tiene en la cantera su razón de ser.

«Es una filosofía diferente. Con sus exigencias y condicionantes. Por estatutos, Osasuna es el club de cantera y como tal hay que trabajar. Para traer alguien de fuera hay que asegurarse mucho más que en otro sitio. Aquí, ser de Osasuna es una religión. La gente preferiría quedarse para siempre en Segunda antes que subir con veinte de fuera», describe apropiándose del orgullo que para los integrantes del club supone esa actitud.

Cantera y compromiso. Algo con lo que Braulio se siente plenamente identificado: «Si miro cómo era yo como jugador, pues está claro que encajaría en este club. No sé si tendría el nivel futbolístico, pero sí las otras cualidades. Yo la falta de técnica que tenía la paliaba con sacrificio», justifica.

A sus 46 años, echa la vista atrás y sonríe viendo que el fútbol no el ha «tratado de todo mal». Pudo compartir vestuario con «auténticos jugadorazos como Bebeto, Fran, Mauro Silva, Martín Vázquez o Txiki Begiristain, una de las personas que por su personalidad más me marcaron en el fútbol», disfrutar de la Champions como director deportivo, trabajar codo con codo con técnicos como Unai Emery o Valverde, además de ver crecer profesionalmente a jugadores como Parejo, «quizá el fichaje del que me siento más orgulloso». Con este bagaje vuelve a casa orgulloso de sí mismo, convencido de su trabajo y acompañando a un Osasuna que sueña con ver en Primera, una categoría en la que está convencido estará el Dépor el año que viene. «Está, con el Málaga, por encima del resto», vaticina horas antes de volver a pisar su casa. «Voy a saciar la morriña», sentencia.

Su hijo Braulio es internacional sub-16

Mientras su hijo pequeño, el coruñés Marco, vive despegado del balón, el mayor, Braulio, ya ha vestido la camiseta de la selección española sub-15 y 16. Es lateral izquierdo y el pasado verano firmó un contrato con el Valencia con una cláusula de rescisión de 25 millones, que con los años llegará a los 80.

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