Peón de obra en su juventud, tiene claro que el secreto del éxito está en el trabajo continuo
01 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.El pasado domingo vivió su mejor momento como blanquiazul. Volvió a jugar. En Riazor. Como titular. Y, además, marcó. Y pudo hacer con los dedos la A que utiliza para dedicar los goles a su pareja. Y el estadio coruñés coreó el «presidente, presidente», con el que la hinchada lo anima dada la coincidencia de su nombre con el jefe del ejecutivo español. Un momento dulce para Pedro Sánchez (Aspe, 1986). La vida le sonríe. Y él lo agradece.
Pero no siempre fue así. Su infancia no fue fácil. Nacido en el seno de una humilde familia en el alicantino pueblo de Aspe, el ahora futbolista del Deportivo tuvo que ponerse a trabajar muy joven. Con quince años ya acompañaba a su padre y a su abuelo en la obra. Subido al andamio. Con la llana en una mano, la paleta en la otra y el sudor en la frente. Trabajo duro antes de irse a entrenar cada día. Años difíciles hasta que el fútbol le dio la oportunidad de elegir. Entonces no lo dudó. Se ató bien las botas y dejó aparcados los utensilios obreros, pero no la humildad ni el espíritu trabajador que le permiten haber hecho realidad su sueño de ser futbolista profesional.
-Lo del sábado fue bonito.
-La verdad es que sí. Cuando vuelves al equipo quieres dar lo mejor de ti para lograr la victoria y tal y cómo se dio, mejor aún.
-Parece que la hinchada ya ha encontrado un grito de guerra para animarlo: «¡Presidente, presidente!».
-(Se ríe). Es una situación graciosa. Una anécdota. Está bien. Me lo habían gritado ya en el partido de Alcorcón cuando fui a sacar un córner. Es gracioso. Algún amigo me ha vacilado. Pero no me molesta, ni mucho menos.
-Es posible que en estos momentos le animen más a usted que al otro Pedro Sánchez.
-Parece ser que sí. Yo tampoco entiendo mucho de política, pero bueno, dado que las cosas en el país no andan muy bien, pues es normal.
-A usted tampoco le ha sonreído siempre la vida.
-Nadie puede decir que siempre me hayan ido bien las cosas. Pero yo me siento un privilegiado. Es verdad que me lo he tenido que currar desde hace tiempo, pero estoy feliz. Tuve un momento en mi vida en el que estuve cerca de poder jugar en Primera y por circunstancias que me guardo para mí no lo conseguí, pero sigo considerándome un privilegiado.
-¿En qué momento tuvo claro que iba a ser futbolista?
-Cuando el director deportivo del Alicante me dijo que tenía que dejar de trabajar. Yo tenía 19 años, casi 20, y compaginaba el trabajo en la obra con entrenar por las tardes. Pero él me dijo que, tarde o temprano, acabaría subiendo al primer equipo y que entonces lo mejor era que fuera dejando el trabajo. Yo llevaba jugando al fútbol desde los ocho años y tenía ilusión por llegar. Así que lo hablé con mis padres y lo intentamos. El fútbol era mi pasión. Podía estar más que reventado de trabajar todo el día, que me iba supercontento a entrenar.
-¿En qué consistía en concreto su trabajo?
-Pues empecé con quince años más o menos con mi padre y mi abuelo. Subía calderetas, hacía pasteles... Todo lo que uno se puede imaginar que se hace en un andamio. Y, le digo la verdad que, no es el fútbol, pero también me gustaba. Fue lo que viví en casa y yo iba feliz a trabajar. Acababa muerto, pero entonces se me pasaba todo cuando iba a entrenarme.
-¿Ese pasado es el que le permite mantener los pies en el suelo en los momentos de euforia?
-Está claro que influye. Te ayuda a valorar mucho más lo que tienes. Lo que ahora eres. Para el que se lo ha tenido que currar tanto no es lo mismo que para otros que lo han tenido más sencillo desde el principio. Y, ojo, que no es una crítica para restarle mérito a otros que lo pudieron tener más fácil. Son decisiones de familia que se adoptan. A veces hace falta el dinero, hay que ayudar y, bueno, pues en mi caso uno se siente muy orgulloso.
-Vamos, que antes de ser futbolista tuvo una vida difícil.
-Pues sí, es verdad. Soy de familia humilde, de un pueblo y... Ellos ya lo saben pero, sobre todo, tengo que agradecer mucho a mis abuelos y a mis padres todo lo que me han ayudado.
-Cuando uno viene de la humildad y llega a ganar lo que gana un futbolista, ¿qué siente?
-Pues me siento orgulloso. Igual que mi familia. Es cierto que tenemos un sueldo diferente a mucha gente. Y eso nos permite tener detalles con los que queremos. Yo, por ejemplo, cuando cobré mi primer sueldo profesional, me llevé a mis abuelos al Carrefour y les hice una compra impresionante. Luego, además, les di dinero. No es que les hiciera falta, pero me apetecía tener un detalle con ellos por todo lo que me han ayudado en muchas facetas de la vida. Y yo no soy fácil de llevar. Sé que les hace feliz verme bien. Y sigo así, cuando llego a casa pues tengo ganas de ayudar, sin derrochar el dinero, pero sí me gusta invitar a la familia, comprarles algo... Somos una familia superunida y siempre que pueda me gustaría ayudar.
-Alicante, Murcia, Córdoba, Zaragoza, Elche, Granada y A Coruña. ¿Tan de culo inquieto es?
-No se trata de eso, pero sí que es cierto que unas veces por una razón, otras por otra, pues uno ha ido cambiando de equipo con bastante frecuencia.
-¿Y la familia, cómo lo lleva?
-Pues casi mejor que yo. Está claro que los cambios se hacen por algo. Casi siempre para mejorar. Mire, yo siempre he sido, soy y seré un puto currante. Sigo buscándome las castañas como toda la vida. Y, eso, a veces, implica cambiar de ciudad. Pero también es un privilegio poder conocer lugares nuevos.
-¿En qué zona se vive mejor?
-Como en casa, en ningún lado.
-¿Compáreme su tierra con A Coruña, en lo bueno y en lo malo?
-Pues lo mejor de Alicante es el tiempo. Aunque le digo una cosa, algo que me encanta de aquí es que, aunque llueva, la gente sale a la calle. En mi pueblo, caen cuatro gotas y no ves ni un mosquito. En cuanto a la gente, aquí es muy cercana y, siempre que te puede ayudar, te ayuda.
-¿Paella o marisco?
-Lo siento, pero la paella.
-¿Cómo la prepara usted?
-A día de hoy, aún no estoy preparado (se ríe). He ayudado a hacerla, pero yo solo, no. Sí que le puedo decir que la mejor paella es hecha con sarmiento. Finita y con poca longitud de grano. De un grano la capita. Y con caracoles y conejo está espectacular.
-¿Y a qué dedica el tiempo libre, que diría Perales?
-Pues a viajar y, desde hace un año a cuidar de mi hijo. Pero bueno, me gusta mucho el mundo del toro.
-¿Un nombre?
-Manzanares. Me parece fascinante. Tiene una elegancia espectacular. Toreando y fuera de la plaza. Además, es de mi tierra y eso tira mucho (se ríe).
-¿Curro o De Paula?
-Eso me lo reservo para mí
-¿Se ha puesto alguna vez delante de alguna vaquilla?
-Sí, porque es típico en el pueblo, todos valientes y, cuando viene, todos para dentro. Pero bueno, alguna cosilla he hecho.
-¿Su mejor suerte delante del animal?
-Llamarla: «¡Eh, eh!» (carcajada final).