La diferencia que se está viendo entre el Dépor de casa y el de fuera tiene que ver con la mentalidad colectiva. Cuando los equipos juegan en casa siempre disponen de un extra, y no solo el que te da tu afición, sino lo que le resta en el contrario. El ejemplo más claro fue el día del Sporting, un rival de tu liga, porque el Granada no va a tener las demandas que sí tenía la temporada pasada. Pero tanto lo que sumas, como lo que el rival mengua te da un plus de superioridad. En el partido del pasado lunes el Dépor fue el único que buscó la portería contraria en la primera parte. Y, paradójicamente, cuando más se estaba apareciendo a esa versión más plana de fuera de casa y le costaba llegar al área contraria, surgió la opción del penalti. Está claro que en el cómputo general del partido fue superior y mereció ganar, pero contra el Granada fue de más a menos, hasta el penalti, mientras el día del Sporting iba de menos a más, encerrando al visitante muchos minutos.
Cuando juegas a domicilio esta sensación es la contraria. Inconscientemente el equipo se siente más desarropado, sobre todo por ese mismo condicionante que todos los equipos sienten al saltar a Riazor. Se vio el lunes: aunque fue la peor entrada en mucho tiempo, había casi 14.000 aficionados en el estadio, y eso te da un plus extraordinario.
También hay que hablar de esa máxima de que muchos equipos de Segunda parten con el objetivo primario de la permanencia, el Lugo por ejemplo. Echan sus cuentas y saben que necesitan sumar un número determinado de puntos en casa y eso hace que se refuercen en casa, mientras fuera se permiten experimentar para ser más ofensivos o menos. Pero en casa deben buscar la solvencia. Me da la sensación de que en esta categoría hay muchos que salen con ese objetivo y, por eso, se hace mucho más acusado el cambio entre casa y fuera.
Además, se debe tener en cuenta la aportación individual de jugadores claves. El lunes las apariciones de Saúl y Edu Expósito, así como el olfato de Quique pusieron los ingredientes a la medida de un equipo que sigue madurando, pero al que todos deseamos disfrutar cada fin de semana y no solo en intervalos de quince días.