Un vuelco radical y la obligación de ascender


Había quien esperaba que el Dépor fichase a Arsène Wenger, ahora que cerró su etapa en el Arsenal, o a un ejecutivo con la perspicacia de Monchi para descubrir talentos. Pero el Deportivo recién descendido eligió un profesional experto en la Segunda División, respetado en el mundillo y que llegará a Riazor dispuesto a aprovechar la oportunidad de su vida. Lo mismo que exige para los protagonistas de su próxima plantilla, el grupo con el que se jugará el éxito o el fracaso en su primer desafío como director deportivo.

Que el Deportivo necesita un vuelco radical lo sabe cualquiera. El cambio empieza por Del Pozo y por debajo de su mensaje prudente, más allá de su voluntad de dar a todos los que están en el club la posibilidad de escucharse, se intuye la intención de dar un revolcón al vestuario. Por la caseta empezaron bastantes de los problemas que terminaron con el descenso.

Del Pozo se refirió ayer al inicial deseo de marcharse de los jugadores en el momento en que se consuma un fracaso. Algo de eso se intuye en parte de la plantilla del Dépor después de una temporada lamentable. Llamaría la atención que muchos culpables de los récords negativos, los que conocieron tres entrenadores en menos de cuatro meses y los que no pasan de los 29 puntos pretendiesen abandonar ahora el barco a la carrera. Pero las posibilidades de un ascenso inmediato empiezan a jugarse ahora. Con una limitada autocrítica a la hora de hacer balance del descenso, Tino Fernández está obligado a acertar en las ventas sin desnudar el equipo. Porque, que nadie se engañe, los buenos futbolistas (implicados, pero con talento) son el principal argumento para triunfar también en Segunda.

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