Seedorf merece ahora un margen


Un día antes de que el Dépor recibiese al Levante, el periodista Gianluca Di Marzio dio la primera pista sobre el interés de Tino Fernández en Clarence Seedorf. En cuanto el tema empezó a correr por las redes sociales, el deportivismo, anclado en los últimos años entre el desencanto y el escepticismo, entró en estado de incredulidad. Tanto por la información del analista italiano como por la idoneidad del fichaje. Mientras el equipo se dejaba dos puntos en un final tembloroso ante el Levante y hacía el ridículo en Anoeta, la decisión del relevo se fue madurando. El 5-0 hizo indiscutible el cambio para el consejo de administración. Y entonces llegó una milagrosa unanimidad al entorno del club. Por experiencia, capacidad, carisma y vínculo con la grada y la historia del equipo, nadie mejor que Martín Lasarte para ilusionar a Riazor. Claro que solo horas después del frustrado ofrecimiento al uruguayo, el elegido resultó Seedorf. Si las redes sirven como termómetro del estado de ánimo de una afición, la del Dépor había entrado en pánico. En la web de La Voz comenzó una encuesta que alcanzó los ocho mil votos, con seis mil en contra de la llegada del holandés, de un perfil completamente diferente al de los cinco anteriores entrenadores elegidos por este consejo de administración. Sin vínculo con el Dépor, sin experiencia en España. Y ya. Porque su valor como entrenador y su trabajo de puertas adentro, en realidad, pocos lo conocen, y eso convierte su llegada en una apuesta. Pero a Seedorf ?con el que el club había contactado varias semanas antes para conocer su forma de trabajar y su visión del fútbol, dentro del permanente contacto con profesionales por si el cambio se hace necesario? nadie puede discutirle su personalidad y su capacidad para comunicar. Dos elementos capitales para dirigir un vestuario y apaciguar el ambiente. Así que Seedorf, ya convertido en profesional del Dépor y pese a todo lo discutible que pudiese parecer su fichaje, merece ahora un margen de confianza. Juega en un espacio de 20 días (del lunes 12 de febrero al sábado 3 de marzo) cinco partidos, contra el Betis, el Alavés, el Espanyol, el Getafe y el Eibar. Cinco jornadas para resucitar el vestuario, ilusionar a la grada y salvar del desastre otra temporada en la que el objetivo era algo más que la permanencia.

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