Accidentado salto mortal

Xurxo Fernández Fernández
x. fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

GONZALO BARRAL

Cristóbal no ha logrado enderezar la pésima trayectoria del primer equipo

04 feb 2018 . Actualizado a las 21:00 h.

En el Agra de Marcés siempre hace más frío. Siempre llueve más. Los campos de entrenamiento del Deportivo disfrutan de un microclima desalentador al que solo le faltaba un 5-0 en Anoeta. Ni siquiera la condición de sábado ayudó ayer a poblar la valla frente a la que hacen el paseíllo los futbolistas blanquiazules. Solo un hincha asistió a la retirada en oleadas de los futbolistas coruñeses. Un aficionado que puntualmente abandonaba la compañía de su pareja en la grada para ir estrechando la mano de los jugadores, renovando su inagotable confianza en el plantel. Él retrata sin ayuda la sorprendente resistencia del seguidor del Dépor, capaz de creer sin creer. Pasa Lucas: «Vamos, Lucas, coño»; pasa Bóveda: «Venga ahí, Eneko»; pasa Krohn-Dehli: «Choca ahí, Krohn»; pasa Albentosa: «Cabeza alta, Raúl». Hasta que no queda ninguno de los titulares por pasar. Entonces el hincha se vuelve, se echa las manos a la cabeza y, ya fuera del alcance de sus ídolos, niega mientras exclama: «Somos una banda».

Pero vuelve a levantarse cuando se retiran los suplentes y no convocados de San Sebastián. Y cuando por fin sale el cuerpo técnico. «Cabeza alta», le exige a Manjarín, que responde: «Eso siempre; eso, siempre». El mensaje para Cristóbal le llega de lejos, porque el míster acorta por primera vez su camino al vestuario, trazando una diagonal sobre el césped del campo uno, que combate el rigor del microclima con un tratamiento de lámparas de calor. El técnico evita al público y a la prensa y daba el que sería su último paseo por la ciudad deportiva en la que se hizo un nombre como entrenador.

Sobre esa hierba se labró un meritorio ascenso, que fueron dos. Uno para el Fabril y otro, más pronunciado, para él. Ahí superó las dudas que despertó su condición de advenedizo. Un técnico sin pasado deportivista ni raíz coruñesa. Sospechoso durante el discreto primer tramo de la pasada campaña, héroe después. Lo contrario a la actual, arrancada como líder en Segunda B y próxima a un mal final, con el primer equipo enfangado en puestos de descenso, desprovisto de capacidad de reacción.

Marcó territorio en cuanto dio el salto. Quiso sacudirse el lastre de la inexperiencia desde la charla inaugural. Llegó al vestuario con el poso de entrenador del filial y de inmediato demostró carácter. El primero en sufrirlo fue Andone, en una agria discusión de caseta que se prorrogó en el exterior. Se trataba de dejarle claro al delantero que el esfuerzo no se negocia, saliendo desde el banquillo o como titular.

Hubo más incidentes, en público y privado, frente a los que mantuvo el criterio: el grupo primero. Apartó al rumano y a Arribas un día, otro castigó a Çolak. Medidas a las que las necesidades pusieron fecha de caducidad. Ahí está la racha anotadora del 10, limadas ya las asperezas y deformado el 4-2-3-1 inicial. No cuajó el esquema ni duró el efecto del relevo, suficiente solo para cosechar la primera victoria del curso a domicilio y vencer más tarde al Leganés. El bagaje completo hasta la fecha recoge dos triunfos, tres empates y ocho derrotas. 33 tantos en contra y catorce a favor.

Cristóbal hizo de la solidez objetivo prioritario, para acabar dirigiendo al conjunto más goleado de la competición. Dio, eso sí, ejemplo de prudencia desde su condición de entrenador. Ni un mal gesto, ni una queja. «Esta es la plantilla que acepté entrenar», recalcó cuando no llegaron los refuerzos solicitados. La «banda» que un aficionado acudió ayer a jalear después del ridículo de San Sebastián.