El Mosquera al que volver

Un duelo ante el Valencia, hace dos años, punto de inflexión en la carrera del 5


a coruña / la voz

Va a hacer dos años. Pedro empezó a desvanecerse una tarde al salir de trabajar. Fue después de cuajar su mejor faena, por eso es más difícil olvidarlo. Ahora que viene el Valencia y el Deportivo se plantea el enésimo refuerzo en la medular, la vista viaja hacia el círculo central, huérfano de aquel 5 capaz de sostener desde allí un equipo de menor talla que el actual. Estaba Luis Alberto, pero todavía no era quien es. Estaba Lucas, que sigue aquí, como Juanfran, Sidnei o Navarro. Y basta. Nadie cuya presencia hoy pudiera suponer un salto de calidad. Salvo Mosquera, que el 24 de enero del 2016, entre las 18.15 y las 20 horas iluminó Riazor mientras destapaba el fiasco de Gary Neville.

Estuvo soberbio el coruñés, protagonista del mejor primer tramo de temporada del Dépor en años, coronado con hora y media de recital. Acompañado de Bergantiños, se impuso a Parejo, Danilo y André Gomes. Recuperó la pelota nueve veces y falló solo siete pases tras ser el futbolista que más tocó el balón. A todo ello, sumó el gol. No marcó esa tarde, ni en toda la campaña, pero fabricó la jugada que puso por delante a los de casa en Riazor. Levantó la cabeza y salvó dos líneas de (tímida) presión con un envío hacia Luis Alberto, quien asistió a Lucas, que sorteó a Ryan y anotó.

A esas alturas (minuto 27), el conjunto de Víctor Sánchez del Amo retenía la octava plaza, perdida para siempre en el descuento, cuando Negredo ganó por alto a Sidnei y empató.

Con el cabezazo del punta madrileño se desplomó el gran curso del equipo y de su mejor jugador. Mosquera era a esas alturas el futbolista más participativo del plantel -52 pases por duelo con un 83% de precisión-, y su más fino saboteador -promediaba cuatro recuperaciones por encuentro-. El nivel del 5 era tan alto que el adversario se lo quiso apropiar. Quedaba una semana de mercado de invierno y el Valencia pujó fuerte por el pivote coruñés.

Se registraron tres días de pulso, en el que los de Mestalla tomaron ventaja, amparados en la baja cláusula de rescisión del mediocentro llegado del Elche. Los cuatro millones de euros, que el club blanquiazul amenazó con disparar hasta siete contando IVA e IRPF, no parecían escollo para la entidad che. Sin embargo, Pedro eligió quedarse.

Aumentó de precio y estiró hasta el 2021 el vínculo con el equipo de su ciudad. Faltan tres temporadas y media para que la unión se extinga. Tiempo de sobra si el coruñés consigue asomar fuera del bache en el que se metió inexplicablemente en cuanto el Valencia abandonó Riazor. Fue otro mes de enero, en la misma plaza, frente a idéntico rival. Es la referencia más próxima del Mosquera al que volver.

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