La revolución tranquila de Riazor

El club sopesa acelerar la obra de las fachadas, pero por ahora solo tiene el boceto de Arias

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El Deportivo se encuentra en pleno replanteamiento de su modelo de estadio. El presidente del club, Tino Fernández, avanzó en diciembre del año pasado que no se veía a medio plazo en un estadio vetusto como el municipal. Su idea, como avanzó entonces a La Voz, era abrir un debate sobre la instalación, la propiedad, el posible traslado... Comenzaría cuando el club tuviese ya pagada la deuda privilegiada que atenazaba al club, sobre todo con Hacienda. El objetivo, que A Coruña disfrutase de un campo premium con las comodidades de los mejores de Europa. Pero la lentitud de la Marea para solucionar las profundas carencias del estadio de Riazor terminó propiciando la suspensión del Dépor-Betis y el club firmó un crédito de 45 millones con Abanca que ha reducido la deuda privilegiada a solo 21 millones a pagar a los bancos hasta el 2031. Todos esos acontecimientos afectan al plan inicial de Tino Fernández. El debate sobre el estadio está abierto, se mueve entre las urgencias y la visión estratégica, pero mantiene varios interrogantes.

¿Qué significa la imagen de las fachadas que Arias envió al Concello?

Un guiño al futuro. En breve se resolverá definitivamente la licitación del proyecto y obra de renovación de las cubiertas del estadio. La oferta de Arias, por siete millones, no transformará las fachadas. Pero la empresa añadió el boceto de la posible imagen del estadio si se abordase una obra más ambiciosa que cambiase el aspecto exterior del campo. Un golpe de efecto.

¿Qué quiere hacer el club?

Cuando actualizó el convenio con el Concello para el uso del estadio municipal, el Deportivo se comprometió a asumir el coste del mantenimiento de las cubiertas cuando finalicen las obras, y avanzó una inversión en la fachada. Al día siguiente, en la firma del crédito con Abanca, Tino Fernández adelantó que el acuerdo permitiría al Dépor abordar un plan ambicioso en el estadio. Cifró en siete millones la nueva inversión del club hasta el 2022 para modernizar el estadio.

¿Hay margen para hacer la obra de las fachadas de forma inmediata?

Por operatividad y precio, el Deportivo no vería mal adelantar su plan. Y abordar la inversión en las fachadas del estadio, para que coincidan en cierto modo los trabajos en las cubiertas y en el exterior. El estadio estrenaría imagen en mayo del 2019. Pero ese paso depende, en primer lugar, de que el club encuentre las vías de financiación para una obra que pretendía hacer a cinco años vista. Al tratarse de una tarea compleja en una instalación municipal, los plazos para poder empezar los trabajos en mayo -como se hará en las cubiertas- parecen muy justos. Para que el Deportivo abordase el proceso de contratación por su cuenta, además, debería entenderse que las tareas son accesorias.

¿Quién debe pagar las fachadas?

La obra de las cubiertas ya cuesta a los coruñeses más de siete millones de euros, después de que la Marea aceptase la renuncia de Dragados a ejecutar el anterior proyecto sin exigir una indemnización. La obra de embellecimiento de las fachadas no tiene por qué salir de dinero público. El Deportivo puede encontrar fórmulas que le ayuden a abordar una inversión que mejorará la imagen del estadio.

¿Necesita el estadio más remodelaciones?

Sí. Lleva años desvencijado. En un momento en que el (caro) espectáculo del fútbol se vende como una experiencia, acudir a Riazor supone incomodidades. Con Tino Fernández como presidente, el club instaló nuevos videomarcadores gigantes, renovó los asientos, contrató otros ambigús, retranqueó los banquillos, creó nuevas zonas VIP en tribuna... Pero conserva todavía carencias. Algunas tienen difícil encaje en el emplazamiento actual.

¿El club descarta un posible traslado?

El presidente del Dépor fijó en el horizonte del 2020 la fecha para abrir una reflexión sobre todo lo que rodea al estadio, incluidas la compra del recinto o el traslado a un nuevo campo. Las inversiones públicas y las que el club planea parecen descartar la construcción de un nuevo estadio. Aunque Riazor resulta incómodo por la falta de un párking subterráneo propio, la ausencia de ascensores, su encaje actual en la calle Manuel Murguía... Solo posibles con obras ambiciosas.

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