Dar la cara también es una virtud


Cruel e injusto. Cruel, porque la derrota se produjo cuando el duelo ya estaba prácticamente agotado, en el único disparo con intención de un Atlético con más temor por irse de vacío que deseo de sumar tres puntos. Injusto, porque el Dépor mostró ayer la cara más sólida que se le recuerda en defensa; su única concesión se produjo en una falta frontal que no defendió bien, con algún jugador tapando a un Pantilimon que tampoco estuvo ágil en cerrar un espacio que parecía suyo. Cierto que el grupo de Simeone tampoco propuso nada más allá de su combatividad habitual, una zaga expeditiva y su habitual dosis de esfuerzo durante los noventa minutos. Anda corto de fútbol el conjunto rojiblanco y el Cholo tampoco pierde demasiado tiempo en buscarlo; quizá por eso no tiene rubor por dejarse tres delanteros en el banquillo o por prescindir de su estrella en el último tramo del duelo, justo cuando el talento es capaz de llegar donde no lo ha hecho el físico.

Aún así, ante un rival que sembró de minas y de sudor Riazor, el Dépor mostró una cara desconocida, la de un equipo sólido y solidario, competitivo, capaz de buscar al Atlético en su propio campo y de llevarse los balones que antes se le resistían. El conjunto coruñés parece haber aparcado esa imagen de timidez y blandura que ha presidido últimamente su trayectoria. Ahora, además de confirmar que dispone de jugadores con buen pie, puede y sabe combatir. Ayer lo hizo, frente un rival corto de fútbol -al parecer no lo necesita-, pero sobrado de brío. Quizá por encima de la sensatez que preside sus decisiones, lo mejor que puede decirse del Cristóbal Parralo es que en menos de dos semanas ha conseguido lo que Riazor añoraba: un grupo capaz de dar la cara.

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