El coruñés vuelve a jugar en el Fredericia, de la Segunda danesa, donde lleva dos goles y ha pasado a octavos de Copa
17 oct 2017 . Actualizado a las 13:04 h.Hacía tiempo que estas sensaciones no le acompañaban: el hormigueo en el estómago al saltar al césped, las ansias de ganar, el sabor de la victoria. Pero todo estaba ahí, otra vez en Dinamarca, aunque ahora en un modesto de Segunda, el Fredericia. Allí disfruta el fútbol de nuevo el exdeportivista Piscu, que después de dos graves lesiones de rodilla regresa a la alta competición con la ilusión del primer día. En su estreno contra el Esbjerg, el Fredericia ganó por 4-0 y el defensa de As Pontes marcó de cabeza el segundo. «Debutar con gol después de tanto tiempo parado te refuerza personal y futbolísticamente. Mereció la pena todo. Llega un momento que dudas, tienes 30 años y crees que te queda fútbol, pero no sabes por qué camino tirar. Estoy muy contento de venir a Dinamarca», afirma el jugador, que, pese a los golpes que el deporte del balón le ha dado, se reconoce con muchas ganas de seguir en la élite.
Es la segunda vez que Piscu vuelve a sentirse futbolista en el país nórdico. Allí había llegado hace dos temporadas, tras la experiencia en la MLS norteamericana, para recalar en el Aarhus, de la primera categoría, donde jugó hasta el verano del 2016. Sin embargo, nuevas molestias le pararon la temporada pasada y le obligaron a replantearse su preparación y hasta su carrera. «Para mí lo importante ahora es jugar y dar el paso correcto. Seguir jugando y que me respeten las lesiones», afirma ilusionado. Su reencuentro con el balón no ha comenzado nada mal. Pese a contar con uno de los presupuestos más modestos, su equipo trata de engancharse al tren del ascenso y se ha clasificado para los octavos de final de Copa, con otro gol del central, tras dejar por el camino a clubes de superior categoría.
Aportar experiencia
«En el plano personal estoy recuperando sensaciones. Jugamos con línea de tres atrás, como cuando estaba en el Dépor. En la plantilla son todos daneses y yo, y hay muchos jóvenes a los que el club quiere promocionar. Así que trato de respaldar a los compañeros con menos experiencia, y estoy muy a gusto. El nivel técnico del jugador danés es muy bueno y tiene cultura táctica, pero le falta un poco de agresividad. Es físicamente fuerte, pero una cosa es ser fuerte y otra, agresivo. Eso va más con la cultura de las posesiones y el dominio del balón que tenemos en España», explica el gallego, con contrato hasta el 31 de diciembre y medita una oferta para seguir hasta final de temporada. «Quiero esperar un poco, porque cada decisión es importante, no tengo 20 años. Estoy muy contento con los compañeros, el entrenador y el ambiente. Este es un club muy familiar, hablas con el presidente y el trato es perfecto», afirma.
Su vida en Fredericia, una pequeña localidad levantada en la parte oriental de la península de Jutlandia, transcurre plácida. Vive a ocho minutos de la ciudad deportiva, a donde se traslada al estilo danés, es decir, en bicicleta. Allí se pasa desde las nueve de la mañana hasta pasadas las tres de la tarde. Tras un poco de gimnasio, Piscu y sus compañeros hacen vida social: comparten juegos de mesa, se entretienen con la videoconsola o simplemente charlan. «Hay partidas de un juego parecido al Trivial, ping pong, vemos algún partido en la tele,... Y el entrenador también participa en todo esto, puedes verlo jugando con cualquiera de nosotros, algo impensable en España. Pero aquí la relación con él es muy cercana», señala.
Luego llega el entrenamiento propiamente dicho, comen juntos y comparten nuevas actividades lúdicas, gimnasio, yacusi, piscina o baño vikingo, que es como una bañera de hidromasaje, pero más profunda y de agua helada. Ya en casa, la tarde se pasa en un suspiro (allí estos días se pone el sol a las seis) entre el descanso y las clases de danés, que en aquel país se imparten gratuitamente.
Celebraciones
No solo Piscu está disfrutando de la buena temporada del Fredericia. Las celebraciones de su equipo tras las victorias son muy comentadas en las redes sociales. La última se puede ver en el instagram del club. Todos los futbolistas, felices, se suben a los bancos del vestuario mientras golpean las paredes y cantan juntos. «Aún no entiendo lo que dicen, pero es la celebración habitual. Si ganamos, cantamos un minuto o dos, todos muy contentos. Hay refrescos y música, todo muy vikingo», se ríe. Es la alegría del fútbol, que para Piscu vuelve a rodar de nuevo.