Las altas expectativas cercan a Mel


La sencillita gira del inicio de la temporada, la buena pinta de fichajes como Schär, Adrián y Valverde, el crédito salvador de Abanca, el consiguiente salto en el tope salarial de 24 a 40 millones y, sobre todo, la euforia que generó la llegada de Lucas elevaron las expectativas alrededor del Deportivo. La ilusión frustrada se transforma ahora en un ultimátum para Pepe Mel después de solo seis partidos. El desfase entre los deseos del entorno y la realidad de la Liga lleva al entrenador a una situación límite apenas un mes después de haberse iniciado la competición. ¿Excesivo? No muy diferente a lo que sucede en otras plazas (este curso Vitoria, Villarreal, Las Palmas...), cada una envuelta en mil y un matices distintos. La lógica del fútbol profesional. Aunque hay más.

Las altas expectativas del consejo, de la grada y de todo el entorno coinciden con el desencanto dentro del club. Unas dudas que, en cierto modo, ya se intuían desde el final de la temporada pasada. Aunque se tradujeron esta semana en el estudio de su destitución sin haberse consumido siquiera el primer cuarto de liga.

Mel describe un arranque demasiado titubeante. Sin un partido redondo. El impulso de rebuscar síntomas de optimismo permitió encontrar atisbos de reacción. El juego en algunos momentos contra la Real, el control de la posesión en Barcelona, el triunfo ante el Alavés... Detalles en un mar de dudas y un batallón de jugadores irreconocibles. Porque los futbolistas tienen una responsabilidad altísima en esta enésima crisis del Deportivo. Y hasta la valentía de Mel para tomar decisiones drásticas en la búsqueda de una reacción puede desembocar en su relevo. ¿Qué le queda ya por probar?

La desconfianza hacia Mel en la sede de la plaza de Pontevedra se fue extendiendo a medida que moría la pasada Liga. Pero entonces pesó el deseo de dar cierta estabilidad al banquillo y guardar una carta para el inicio de temporada en lugar de apurar otro relevo en verano.

Mel reanimó al equipo sonado de la temporada pasada, pero luego le costó darle juego e identidad al Dépor. Tanta permeabilidad a los cambios desdibuja su propuesta. El calendario que empinó la cuesta a la que se enfrentó cuando llegó a Riazor dibuja ahora compromisos propicios contra el Getafe, Eibar, Girona y Las Palmas. Pero su plan se reduce ahora al corto plazo. Necesita ganar puntos, que los puntos traigan confianza y que ésta le conceda más tiempo, sintiéndose escrutado desde el palco, la grada y el vestuario.

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