Arizmendi echa cuentas

El delantero, que fue internacional con el Dépor en el 2007 y disfrutó del último ascenso, trabaja tras colgar las botas como asesor en la gestión de patrimonios


redacción / la voz

Este es el tercer verano que Javier Arizmendi (Madrid, 1984) no hará pretemporada. Disfrutará de su mes de vacaciones y volverá a Madrid, donde trabaja en Tressis, una sociedad de valores en la que se encarga de asesorar en la gestión de patrimonios. El exfutbolista dio el salto del césped a los despachos, de la mochila a la hucha, al cabo de su segunda etapa como deportivista, después de haber cumplidos todos sus sueños de niño. Había debutado en su equipo de formación, el Atlético de Madrid, y jugó casi 200 partidos en Primera repartidos en las filas de un buen puñado de equipos, entre otros el Santander, el Zaragoza, el Valencia, o el Getafe. En el Dépor llegó a ser internacional, se quedó a las puertas de una final de Copa y, ya en su segunda etapa, volvió para devolverlo a la máxima categoría en el 2014. «Estoy superorgulloso de lo que hice en el fútbol y ahora no tengo pretensiones muy elevadas, simplemente ser una persona confiable y que quien tenga enfrente me identifique como una persona seria y honesta», afirma.

Casado con una coruñesa y con un hijo gallego, el que fue delantero de España en un amistoso contra Inglaterra disputado en Old Trafford, recuerda aquel 2007 «como el año más bonito de mi carrera». «Por aquel partido -abunda-, por la confianza del entrenador (Caparrós en el Dépor y Luis Aragonés en la selección), y porque a mi equipo también le fue bien, así que se juntaron éxitos personales y colectivos». Sus recuerdos de Riazor figuran entre los más felices. «El ascenso fue muy emotivo. Y de la época anterior me acuerdo con mucho cariño del debut, que era un partido de Copa, acababa de llegar y la gente me recibió con una ovación», afirma.

Pero Arizmendi, quien estudió Administración y Dirección de Empresas, luego hizo un MBA y, posteriormente, un curso más específico para trabajar en banca privada, no añora su etapa como futbolista. «La única espina que me llevé fue no haber disfrutado un poco más de los últimos años, pero, visto en perspectiva, fue una etapa preciosa de mi vida, soy consciente de la gran suerte que tuve y estoy agradecidísimo a la gran oportunidad que me dio el fútbol de ser jugador de Primera División», subraya.

Eso sí, su vínculo con el balón y el Deportivo sigue vigente en el respeto y la admiración que su hinchada le despierta: «El Dépor tiene un gran activo, que es su afición y la pasión que siente la gente por el equipo de su ciudad. He pasado por varias ciudades y la forma cómo se vive el fútbol ahí, al margen del Atlético, no la he visto en ningún sitio, y eso es el primer ingrediente para volver a hacer un club grande».

«Mi trabajo consiste en escuchar mucho a las personas, la confianza es esencial en lo que hago»

Arizmendi habla con naturalidad de su paso de la pelota a la gestión del dinero ajeno. «No soy el primero ni el último que intenta progresar en un ámbito distinto al que he vivido muchos años. Tenía claro que prefería tomar cierta distancia del fútbol. Ya cuando jugaba no me veía de entrenador. Es una profesión muy difícil: manejar tanto ego y tantas circunstancias diferentes... No me pareció una labor para la que yo... No me atraía, no lo tenía en perspectiva», añade.

Sus clientes no son solo deportistas. «Por mi bagaje anterior muchos sí lo son, pero tienes que dar respuesta a cualquier tipo de persona y así lo hago». En este sentido, considera que la honestidad es uno de los ingredientes principales de su actual labor: «Mi trabajo consiste en escuchar mucho a las personas, entender sus necesidades y darles la mejor respuesta posible. La confianza es esencial en lo que hago. Estamos tratando de un tema delicado, como es el dinero», explica, aunque asegura que no están afectando a su trabajo los problemas con Hacienda de Messi y Cristiano: «Para nada, es que no tiene nada que ver».

En el Deportivo le tocó vivir una última etapa convulsa con el concurso como telón de fondo. Desde entonces se ha implantado el control financiero de los clubes por parte de la Liga, una herramienta que Arizmendi considera básica, aunque destaca que ha llegado tarde. «Es algo que ha llegado y desde el primer momento se ha visto que es indispensable no solo para los jugadores, sino para todo el mundo», dice.

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