No hay quien entienda a Çolak

Çolak ha ido perdiendo peso en el equipo, arrinconado por la falta de socios y el estilo de juego


a coruña / la voz

«¿Con quién se entiende mejor? Yo creo que con Celso, que se entiende con todos porque siempre sabe dónde colocarse. Por eso tiene que estar en el campo, porque en este equipo tenemos que jugar para el turco, que es el que más calidad tiene; el diferente». La reflexión es de un indiscutible en el plantel blanquiazul, y está hecha a la altura de la jornada 10, después de que Emre Çolak le hiciera de todo al Valencia. Le marcó el gol que adelantó a su equipo y le regaló, generoso, el balón de la igualada. Entonces estaba de moda el talento importado gratis de Estambul, determinante además en las visitas del Sporting y el Osasuna. Riazor era más que nunca Turquía. En exclusiva, eso sí, porque cuando el equipo salía de viaje el talento a borbotones se esfumaba, o quedaba arrinconado en una esquina. No parecía haber manera de activar a Çolak a domicilio, y acababa recluido en zonas donde su incidencia era menor; escorado a la derecha, para desde allí apartarse y hacer sitio a las carreras de Juanfran, permitiendo además que Joselu y Andone se juntaran (sin llegar a mezclar) arriba. 

Bajón paulatino

El portador del 8 trató de rebelarse en enero. Primero en Cornellá y luego en Las Palmas, asistiendo en ambas plazas. Una vez a Florin y otra a Borges, sus mejores socios, en choques que concluyeron 1-1. Pero era tarde, porque había cambiado el año y el Deportivo se despeñaba por la cuesta del 2017 como se había despeñado en la del 2016 con Víctor. A finales de febrero, Garitano, desesperado, quiso levantar un 2-0 en Butarque dando rienda suelta al turco tras el descanso. Fue la punta del rombo que dibujó en su despedida. Mel asumió el mando y Çolak se volvió indescifrable.

No desentonó frente al Atlético, voluntarioso como todos; falló un penalti en El Molinón, donde fue reemplazado; y se llevó el primer toque de atención público tras el partido contra el Betis -«O juegan como saben o tendré que poner a otros», advirtió el técnico, apuntando también a Carles Gil-. Ocurrió de inmediato: le dieron menos de media hora ante el Barça y aunque la aprovechó para ofrecer sus últimas señales de vida asistiendo a Bergantiños, ya apenas contaron con él para el derbi. Desde entonces, se ha ido consumiendo, al ritmo del equipo. En el último triunfo blanquiazul no salió del banquillo por primera vez desde la jornada 4. Y ayer, volvió a la banda.

Al rincón, donde ya había penado cuatro partidos esta temporada. Donde no se siente a gusto. Allí lo probó Mel en Abegondo, y esta vez no fue para encajar dos puntas sino tres centrocampistas. Lastrado por la necesidad, el juego del Dépor se ha espesado. A la busca de un control que no ha tenido en las citas más recientes, el míster probó a poblar la sala de máquinas, donde se concentran los jugadores más participativos. Guilherme, Borges y Mosquera son quienes (junto a Albentosa) más pases promedian por partido. Çolak era el tercero de la lista hace diez jornadas. Hoy es solo sexto en este apartado, séptimo en acierto, quinto en minutos jugados.

Aún destaca como asistente (cinco, por seis de Juanfran) y como diana: segundo tras Bruno en faltas recibidas. Contra el Espanyol brilló en la primera vuelta; cuajó su mejor actuación lejos de A Coruña. Garitano lo empleó allí en el mismo sitio en que ayer lo probó Mel: la orilla. El equipo necesita espabilar tanto como su estrella. Es imposible que el Dépor maquille su temporada en tres partidos, pero quizá el turco consiga encontrar socios para su juego; alguien que le entienda.

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