Aquel último paseo por Riazor

Pletikosa y su emotiva vuelta al campo protagonizaron el Dépor - Real Madrid que cerró la pasada liga


a coruña / la voz

-«Papi, por qué me tiembla la barbilla»

-«Eso es la emoción, Franko; por lo que acabas de vivir».

La conversación, en el coche, de vuelta a casa, forma parte de los recuerdos que guarda Stipe Pletikosa de aquella tarde feliz. La de su único paseo por Riazor; la más sorprendente vuelta al ruedo dada nunca en el estadio coruñés; el epílogo a 17 años de carrera en el fútbol profesional. Fue tras una derrota inapelable en un partido intrascendente. Con el protagonista rodeado por una afición en pie, entregada a un portero al que la mayoría solo había visto en directo una vez.

«Todo un estadio gritando “Pleti, quédate”. Lo llevaré conmigo hasta mi último día. Fue algo fantástico, tan extraordinario. Mi primer y último partido en ese campo y la gente despidiéndome de esa manera. Estoy tan agradecido». El protagonista de la historia revive el momento desde su hogar en Split, la ciudad croata en la que ahora reside. De una pared en su habitación cuelga un pequeño collage para no olvidar. Como si existiera el riesgo de que se evaporara algo así. «Me lo hizo mi mujer, por mi último cumpleaños (en enero le cayeron 38)», explica por teléfono.

Las fotos recogen todo lo ocurrido en cuanto el árbitro puso el final a la más reciente visita del Real Madrid. En la jornada 38 de la temporada 2015-2016. El Deportivo había cerrado la permanencia una semana antes en Villarreal. «El partido en sí no fue gran cosa para nosotros porque recibimos dos goles muy pronto, aunque poco a poco fuimos ganando confianza. Pero sabes qué pasa, que yo me divertí. Yo me lo pasé realmente bien -afirma, con tono alegre, Pletikosa-. No solo al final, sino durante todo el encuentro. Ellos atacaban y yo los veía llegar y paraba todo lo que podía, y veía a mi lado a Manuel Pablo, una institución para el equipo, un referente para mí, y al Dépor, que estaba salvado, y yo disfrutaba».

El meta realizó varias intervenciones de mérito que no alcanzaron para frenar al rival. Cristiano firmó un doblete inocuo porque la Liga se la llevó el Barça, que goleó al Granada. En su otro encuentro con los coruñeses, al portero croata le hicieron cuatro en San Mamés. «Cualquiera podría pensar que disputar solo dos partidos en media temporada sería una experiencia frustrante, pero desde luego no lo fue para mí. Todo lo contrario, fue una experiencia reconfortante, como deportista y como ser humano. Se lo repito a todo el mundo. Fue increíble», reflexiona.

«De aquel día me sorprendió todo. Todo. Yo había pasado solo cuatro o cinco meses con aquellos jugadores, mis compañeros, y de repente me estaban lanzando al aire, manteándome. Y la gente gritando mi nombre en la grada. Y mi hijo paseando a mi lado por el campo compartiendo el momento -rememora-. Cómo no se va a emocionar uno con algo así. Cómo no querer ya para siempre a esos compañeros, a esos hinchas, a esa ciudad y a ese club». Un conjunto al que sigue a distancia y sobre el que habla con Borges y Manu Sotelo.

El hijo, delantero, «por fortuna»

En Split, Pletikosa estudia el curso de entrenador, aunque sin intención de ejercer. Tiene tres buenos amigos, exfutbolistas también (Igor Tudor, Leko y Juric) que sí lo son. «Los veo y pienso en lo duro que es ser entrenador en estos días. No es para mí, al menos, no de momento», sostiene. Su hijo, Franko, que salió de Riazor el 14 de mayo del 2016 con las camisetas de Modric y Bale bajo el brazo y la barbilla aún temblando, tiene siete años pero ya ha empezado a jugar. «Por ahora, de delantero. Probó en la portería y decidió que prefería ser jugador de campo, por fortuna. Yo también prefiero eso. Le dije, ‘‘mira, si no quieres que te echen la culpa de todo, mejor no juegues de portero’’», bromea el exintercional croata.

Lo importante para Pletikosa es que el crío viva el fútbol como él: «Nunca he entendido a los jugadores que solo ven en esto una profesión. Yo creo en involucrarme emocionalmente con el equipo en el que estoy y eso puede explicar mejor cómo me sentí en esa despedida. Lo agradecido que estaré a toda la gente del Dépor hasta que me muera».

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