El Deportivo enderezó su aciago 2016 gracias a un esprint final de triunfos y buen juego
27 dic 2016 . Actualizado a las 10:57 h.El Dépor descarriló en noviembre, pasado Despeñaperros. El calendario le obligó a embarcarse en una gira por Andalucía y ni el espectáculo fue gran cosa ni lo recaudado saldó deudas. En Granada empató contra el colista, en Málaga se dejó un punto en el descuento y en Sevilla le dio al Betis esperanzas de plantarse en octavos de Copa. No sirvió ni el alto en casa, porque fue perseguido desde el Pizjuán hasta Riazor, donde Sampaoli arrampló con todo escoltado por Mateu Lahoz, autor de un recital al silbato. Tan mal se puso todo que diciembre pilló a los blanquiazules en descenso, sin brújula y con la grada de uñas para recibir a esa Real Sociedad que encandila. Los de Eusebio llegaron para hacer sangre, pero cuando más feo pintaba el año, el grupo de Garitano encontró el modo de hacer pie. Goleó a los donostiarras, tuteó a todo el Madrid menos a Ramos, se deshizo de un nuevo colista, y le devolvió el golpe al Betis. La última victoria, quizá la de menos en lo competitivo por aquello de que el foco está en la Liga, fue la de más en lo simbólico. Amén de los goles entre abrazos de Arribas y Luisinho, el entrenador del rival había ocupado el mismo puesto en A Coruña durante la primera mitad de un 2016 que resultó aciago hasta su giro final.
Un once
Al ritmo de Guilherme y Çolak. Llevaba meses el equipo sin hilar fino. Falto de once que supiera traducir las rutinas de Abegondo en fuego real, y de un director en torno al que avanzar. De repente, encontró dos. Guilherme memorizó la manida salida lavolpiana y se hinchó a practicarla, socorriendo a los centrales para dar inicio al juego con Borges al quite. Entre la medular y el puesto de punta se ha acomodado Çolak, un turco que solo se siente en casa cuando juega en Riazor. Capaz de marear al balón y al rival hasta moverlos a voluntad. Sus recursos técnicos han enganchado a la grada. En el campo, su conexión más útil es con el hombre gol, otra de las claves de la regeneración.
Un goleador
El despertar de Andone. Si algo bueno trajo la tourné por el sur fue el inicio de una bonita relación. La de Florin Andone con la red. Algo que empezó en Granada y que el tiempo no ha logrado debilitar. El idilio solo titubeó en el Bernabéu para permitir que Joselu entrara en acción. El Deportivo empezó la temporada con unos problemas frente al marco contrario que ya ha conseguido solucionar.
Un partido sin encajar
Camino de vuelta a la solidez. Esa eficacia anotadora (gol en ocho duelos ligueros seguidos) tuvo como precio una caída en la solidez. Entre la visita a Mendizorroza y la del Osasuna a Riazor, los de Garitano enlazaron doce duelos sin ser capaces de mantener su portería a cero; de aguantar un resultado a favor. De por medio, un cambio de portero, varios de dibujo y un montón en la alineación. Por eso el triunfo sobre los rojillos, que ni siquiera se arrimaron a Tyton, devolvió además la confianza en el trabajo defensivo del plantel.
Seis puntos y una ronda
Resultados para acompañar. Las sensaciones ya mejoraron a partir de la visita a La Rosaleda, pero solo se tradujeron en puntos con el Dépor de vuelta en Riazor. Dos victorias consecutivas en casa, jalonadas por una derrota mínima en campo del Real Madrid, han colocado a los coruñeses a más de un partido del descenso (cuatro puntos) ahora que el calendario se empieza a apretar. Habrá al menos seis encuentros en enero. Tres servirán para cerrar la primera vuelta de Liga (Espanyol, Villarreal y Las Palmas) y uno, contra el Eibar, inaugurará el segundo tramo de competición. Entre semana, habrá cita copera gracias al pase a octavos cosechado en el último suspiro del 2016. El alivio como broche de un año para olvidar.
Reconexión con la grada
El buen juego y los mejores resultados sirvieron además para recuperar la confianza de la hinchada en un equipo que ya había escuchado los primeros pitos de la temporada antes del cambio de ciclo de diciembre. Hubo un momento clarificador: el apagón que sufrió el estadio y sus alrededores durante el choque frente al Osasuna derivó en fiesta en la grada, que había tenido su previo durante la goleada a la Real y que se extendió al desenlace del encuentro de Copa ante el Betis. Garitano ha dicho varias veces que estaba señalado por parte de la afición incluso antes de llegar; ahora parece haber sintonizado con Riazor.