Con el viento de cola. ¿Habrá dejado atrás el Dépor el cruel primer tramo de final, aquel en el que recibió el excesivo castigo arbitral o asistió a un par de inesperadas derrotas en el tramo final? Como si los dos triunfos consecutivos en Riazor en Liga le hubieran impulsado definitivamente, ayer volvió a disfrutar de una victoria reparadora. Sin hacer un gran partido y con solo cinco de los jugadores que apuntan a una alineación para recitar de memoria, el conjunto coruñés se presentó en los octavos de final de la Copa. Los no habituales quieren seguir en el frente, echar una mano que no se presenta fácil, por acumulación de partidos y porque, a estas alturas, los encarará sin Babel y, temporalmente, sin Faysal, con su selección en la Copa de África. Pero el Dépor se ha transformado, ya no es un equipo inseguro y timorato; el grupo de Garitano se ha hecho fuerte en la competición, tiene gol y talento y sabe exprimir las debilidades del rival -Víctor Sánchez del Amo no reaccionó hasta que le cayó encima el 3-0- para enfriar los partidos. Va a echar de menos a Babel -felizmente recuperado para el gran fútbol en Riazor- y le espera un mes de enero complicado. Nada que no se pueda solucionar.