Mauro Silva: «Me retiré en el club de mi vida y eso es una suerte»

Un futbolista «muere dos veces; la primera, cuando deja de jugar. Pero yo al menos tuve la suerte de retirarme en el club de mi vida, de mi corazón», valora Mauro Silva


Cuando fichó por el Deportivo en 1992, Mauro da Silva Gomes tuvo que consultar un mapa para ver dónde se encontraba A Coruña. Lejos estaba de imaginar la fortaleza del lazo que empezaba a unirlo al club, a la ciudad y a una afición que jamás se olvida de los 13 años que él vistió de blanquiazul ni de su contribución a los seis títulos de la historia de la entidad. «Bebeto y yo -explica Mauro- llegamos juntos con la idea de estar un tiempo en A Coruña y, luego, ir a un gran equipo, pero jamás pudimos imaginar que el gran equipo sería el Dépor, que se convertiría en un grande de España y de Europa».

El 110.º aniversario del Deportivo llega para el brasileño con una carga emotiva extra, pues la afición acaba de votarlo como el futbolista más importante de la historia del club, en la iniciativa O balón das nosas lendas, impulsada por la entidad coruñesa.

-¿Qué le parece el reconocimiento de los aficionados, que lo han elegido como el deportivista más destacado en 110 años de historia del club?

-Es un gran reconocimiento que me deja sin palabras, en un momento importante para el Deportivo, como es la conmemoración de su 110.º aniversario. Es que claro... Bebeto, Fran, Valerón, Rivaldo, Donato, Djalminha, Luque... Estar de primero en una lista como esa... Que la gente se acuerde de mí con tanto cariño y respeto 11 años después de mi retirada me deja profundamente emocionado y sobrepasa con creces mis expectativas de cariño.

-¿Qué cree que ha valorado de usted la afición?

-No sé. Lo que puedo decir es que A Coruña siempre ha sido mi casa, y el Dépor, mi equipo. Paulo Roberto Falcâo, un jugador al que siempre he admirado mucho, decía que un futbolista muere dos veces; la primera, cuando deja de jugar. Pero yo, al menos, me retiré en el club de mi vida, de mi corazón, y eso es una suerte. Creo que la gente agradece esto, que yo haya estado tantos años aquí, que haya tenido ofertas importantes de otros clubes y las haya rechazado para seguir en el Deportivo. Y en realidad no hay nada que agradecer porque este club me ha dado muchísimas cosas. Por ejemplo, una renovación de contrato después de una operación tras la que no sabía si volvería a jugar al fútbol. Me considero parte de estos 110 años de historia por las muestras de cariño que me ha dado siempre la gente, porque he estado muy a gusto en esta ciudad, que es mi ciudad, y en un equipo que aspiraba a todo y que colmaba plenamente mis aspiraciones. Así que creo honestamente que aquí se junta el cariño por las dos partes, y que eso lo ha valorado la afición. A partir de ahí, ¿por qué me han elegido? Pues no lo sé; lo único que puedo decir es que todo lo que tenía dentro lo di por mi equipo y por mi ciudad.

-Para los que no han tenido la ocasión de verlo jugar, ¿cómo se definiría usted como futbolista?

-Es difícil autoanalizarse, pero bueno, creo que siempre tuve intuición táctica para posicionarme en el campo, interpretar por dónde podía resquebrajarse el equipo y fortalecer esa posible debilidad. También tuve esa intuición para interpretar el juego y conducir la salida del balón eligiendo bien las opciones. Siempre vi clara mi labor, lo que hacía bien y lo que no hacía bien. Pero, sobre todo, me desviví por defender algo que considero imprescindible en cualquier equipo y en cualquier organización: los intereses del grupo están siempre por encima de los personales, que deben dejarse a un lado. La clave para mí era que el Deportivo ganase, fuese titular o suplente.

-¿Qué jugador ha sido su referente?

-En mi posición, el futbolista al que siempre he admirado es Paulo Roberto Falcâo, que jugó muchos años en el Roma y que, además, fue mi primer entrenador en la selección brasileña. Tuve la suerte de que un hombre de su clase y de su talento fuese mi seleccionador, fue una enorme alegría. Me gustaba observar también a otros que jugaban en mi puesto, pero de Falcâo siempre me gustó su elegancia, su manera de jugar sin excesivas faltas. Fue mi gran referencia al principio.

-Y de los futbolistas a los que se enfrentó a lo largo de su carrera, ¿con quiénes se queda?

-Hay muchos. Por mi posición en el campo siempre me tocaba bailar con la más fea: Ronaldinho, Zidane, Ronaldo... Pero tal vez lo que más me impresionó fue tener delante a Maradona. Quizá sea el mejor adversario al que me he enfrentado.

-¿En qué partido jugó contra Maradona?

-Fue en Buenos Aires, en un Argentina-Brasil. Yo tenía la intuición de ver qué regate iba a hacer un jugador o por dónde iba a meter el balón, pero con Diego arriesgaba muy poco, porque él tenía un repertorio tan amplio y unas condiciones tácticas tan grandes que había que estar muy atento, no intentar adivinar qué iba a hacer, sino controlarlo para que jugara incómodo. Por suerte, ni marcó ni dio pases de gol, así que creo que cumplí con mi cometido porque terminamos 0-0. Pero ante él jugabas con mucha tensión porque en cualquier momento podía decidir un partido.

-Volviendo al Deportivo, ¿recuerda el momento de su fichaje?

-La gestión la hizo Manuel Míguez Rey, Lito, que trabajaba en Caixa Galicia en Río de Janeiro. Sinceramente, yo no sabía a dónde iba, dónde estaba A Coruña. De hecho, fui al mapa para localizarla. Me ayudó a decidirme saber que vendría también Bebeto; en aquel momento los dos éramos titulares en la selección brasileña. Nos animamos mutuamente para ir al Dépor, y no podría habernos salido mejor. No podría haber sido más feliz de lo que fui en A Coruña, a pesar de que ni se me pasaba por la cabeza estar aquí 13 años. El Deportivo venía de un largo período en Segunda División, y Bebeto y yo llegamos con la idea de estar un tiempo en A Coruña y, después, ir a un gran equipo, pero jamás pudimos imaginar que el gran equipo sería el Dépor, que se convertiría en un grande de España y de Europa que colmaría todas mis aspiraciones.

-¿Diría que fue feliz en A Coruña?

-Fui muy feliz en esta ciudad, en la que nació mi hijo mayor. Terminé siendo un coruñés más que iba todas las semanas al cine a Los Rosales, que hacía vida social en el Náutico, la Hípica, el Teatro Colón, el Ayuntamiento, la Universidade, a la que debo el honor del Campus Mauro Silva. Disfruté también de una peña con mi nombre, de unos compañeros extraordinarios (muchos más de los que podría nombrar ahora) y de algunos de mis mejores amigos, que aún conservo.

-¿Qué ha sido para usted lo mejor y lo peor de su paso por el Dépor?

-Lo más duro, terminar mi carrera deportiva, y lo mejor, acabarla en el equipo más querido, en la ciudad en la que viví mirando al mar y a la playa, con esa Torre, Patrimonio de la Humanidad, de la que tan orgulloso me siento.

«Teníamos equipo para haber ganado la Champions League»

Con Mauro Silva colgó las botas en el año 2005 el mejor Deportivo de la historia. Al menos, de momento. Dos son las claves que, según el brasileño, hicieron de aquel equipo una referencia en Europa: una calidad enorme y una gran capacidad goleadora que deberían haberle dado «la Champions League».

-¿Qué hizo tan grande a aquel Deportivo?

-Sobre todo, la calidad de la plantilla. Y el gol, claro. Por muchas ganas que le pongas, sin calidad ni gol es muy difícil hacer algo importante en el fútbol. Y nosotros... es que lo teníamos todo. En la primera etapa, con Bebeto, Fran, Donato... Después, con Djalminha, Valerón, Luque, Makaay, Naybet, Capdevila... Sin eso es imposible triunfar en Turín, Múnich, San Siro, Mánchester, Highbury... Teníamos equipo para haber ganado la Champions.

-¿Tanto?

-Estoy convencido. Cuando nos eliminó el Leeds con aquel 3-0 en Inglaterra que estuvimos a punto de remontar y cuando caímos ante el Oporto. Aquel Deportivo tenía todas las condiciones para ganar una Liga de Campeones. No podemos quejarnos de lo que hicimos, que fue mucho, pero una ciudad como A Coruña, con la afición que tiene, merecía este título. Todo comenzó con Arsenio Iglesias, que a Bebeto y a mí nos trató con un cariño inolvidable, y siguió con Javier Irureta, del que siempre sabías lo que esperaba de ti en el campo. Y eso, muy importante, no siempre es así.

-Repasemos los episodios más destacados con el Dépor, como el funesto día del penalti de Djukic.

-El día más triste de mi vida deportiva. Me viene a la cabeza la imagen del vestuario, con Bebeto tirado en el suelo. Aquello era un funeral. Y al salir del estadio recuerdo a cantidad de gente llorando en el paseo marítimo, con las banderas... Fue muy duro.

-Pero al año siguiente llegaría la primera Copa.

-Sí, yo estaba lesionado y no pude jugar. Alfredo y Nando fueron los primeros con los que hablé, en una emisora de radio. ¡Menuda alegría!

-Sí que pudo jugar contra el Espanyol el partido que valió la Liga del 2000. ¿Cómo lo plantearon?

-Bueno, aquel partido, que era el de nuestras vidas, se ganó con el corazón. Ahí estábamos todos los que levantamos al Dépor desde el principio, los que sufrimos el palo de 1994, y sabíamos que íbamos a salir a por todas desde el principio. Era un título que merecíamos. Después, la locura. Todos teñidos de rubio en el vestuario. Acabamos nosotros en el palco y los aficionados en el césped.

-Y en dos años, el Centenariazo del Bernabéu

-Me vienen a la cabeza un par de anécdotas. Antes del partido nos encontramos con nuestro excompañero Flavio, que ya había fichado por el Real Madrid, y Djalminha le dijo que podíamos cenar juntos al terminar. Y Flavio, con toda su inocencia, le respondió: «Perdona, Djalma, pero es que después tenemos una fiesta». ¡Increíble! [ríe Mauro]. Y Djalma, que es muy pillo, le dijo: «Pero, Flavio, aún no hemos jugado y ya os consideráis campeones». Al rato, se asomó al campo para ver cómo estaba la grada y me dijo: «Mauro, está media Coruña ahí fuera». Al final, la fiesta la hicimos nosotros.

-La remontada ante el Milan fue el último gran partido del Dépor en Europa.

-Ahí pasó algo muy curioso cuando el árbitro pitó el descanso. Íbamos ganando 3-0, pero nos habíamos dado una paliza y yo estaba reventado. Sin embargo, al ir hacia el vestuario le dije a Pandiani: «Venga, Walter, vamos a correr». Y aceleramos hacia la caseta. Nuestros compañeros nos vieron e hicieron lo mismo, y los jugadores del Milan, con paso cansino, miraban alucinados. Creo que nuestra actitud les afectó psicológicamente. Fue como decirles: «Podemos seguir corriendo toda la noche y queremos que el segundo tiempo empiece ya porque no estamos cansados». Pirlo en sus memorias insinúa que los jugadores del Dépor podían estar dopados. Desde luego no era así.

-¿Qué sintió en su retirada, después de 13 años en el club coruñés?

-¡Buf! Soy una persona que no acostumbra a emocionarse, pero ese día me costó contener las lágrimas. Y aun hoy, cuando veo el vídeo... Fue un momento muy duro, aunque también una buena oportunidad para agradecer a los aficionados tantos días de cariño. Y además, junto a Fran, ¡con todo lo que habíamos construido juntos!

«Pude ir al Real Madrid, pero el dinero no lo es todo»

A lo largo de sus 13 años en el Deportivo a Mauro Silva le llovieron las ofertas para fichar por otros clubes. Algunas, mareantes en términos económicos, como la del Real Madrid.

-¿Cuándo lo tentó el Real Madrid?

-Si no recuerdo mal, fue al finalizar mi contrato en el año 2001. Podía firmar un precontrato al quedar libre. En el Madrid estaba Valdano y contactó con mi agente para hacerme una oferta.

-Pero decidió quedarse en el Deportivo. ¿Por qué?

-Después de todo lo que había vivido en A Coruña, de todo lo que había pasado, ya no era una cuestión de dinero. Por una parte, el Dépor colmaba todas mis aspiraciones; estábamos jugando la Liga de Campeones. Por otra, las señoras en la calle me trataban como a un hijo: «¡Mauriño, Mauriño!». Todas las instituciones me abrían sus puertas y si me iba podía dar la impresión de que era por dinero, y el dinero no lo puede todo.

-Entonces, le debemos a nuestra gente que usted haya pasado tantos años en A Coruña.

-La afición y el club me trataban de maravilla, no podía marcharme como si no hubiese pasado nada. Pude ir al Real Madrid, es cierto, pero el dinero no lo es todo. No me marché entonces y no me arrepiento en absoluto. Esto demuestra lo feliz que he sido en A Coruña y lo acertado que fue quedarme y retirarme con la camiseta del Dépor. Era el equipo de mi vida y no podía marcharme para vestir otra, eso es todo.

-¿Le costó dejar el fútbol?

-Muchísimo. Y hoy, por mucho que haga otras cosas, nada se compara con saltar a Riazor ante 30.000 personas, y jugar un partido de Champions.

-¿A qué se dedica ahora?

-Soy vicepresidente de la Federación Paulista de Fútbol. Hace ya año y medio que la federación me hizo una propuesta para profesionalizar la administración y modernizar toda la gestión del fútbol en Sâo Paulo. Y no es poco; tenemos 17 campeonatos y 4.000 juegos al año, con una Primera División de 56 equipos y una Segunda de 40. Por el talento de nuestros jugadores, por nuestro potencial, no nos hemos preocupado por mejorar esa gestión. Ahora, por ejemplo, estoy hablando con Txiki Begiristain para ver cómo trabajan en el Manchester City a nivel federativo.

«En mi podio están Bebeto, Fran y Djalminha»

Bebeto, Fran y Djalminha conforman la terna de los elegidos, los más grandes del Dépor, según Mauro Silva.

-¿Cuál ha sido para usted el mejor jugador en la historia del Deportivo?

-Imposible quedarse con uno, así que propongo un podio: Bebeto, Fran y Djalminha. De los antiguos no puedo opinar porque no tengo referencias suficientes.

-¿Por qué Bebeto?

-Por su calidad y su capacidad goleadora, por encima de cualquier otro jugador que haya visto en el campo, junto con Romario. Era increíble su capacidad para finalizar, su oportunismo.

-¿Por qué destaca a Fran?

-Bueno, también tenía una calidad impresionante, y además estuvo toda su vida en el Deportivo, con una trayectoria espectacular que coincidió durante 13 años con la mía. Es un referente.

-¿Y Djalminha?

-Djalma... ¡Qué quieres que te diga!; Djalminha ha sido un genio, un futbolista espectacular. Posiblemente, con el que más he disfrutado jugando. Era un artista, algo impresionante y merecedor de estar en este podio, del que se quedan fuera profesionales de una talla descomunal.

-¿En qué otros jugadores está pensando?

-En muchos, porque en aquel Deportivo había extraordinarios futbolistas. En Donato, por ejemplo, que además de ser mi amigo era un pedazo de jugador. En mi once estaría seguro, pero el podio está complicado. Fíjate que estoy dejando fuera a Valerón o a Rivaldo. Para que veas lo difícil que es.

«Donato abrió las puertas de la liga»

 -Un certero cabezazo de Donato hizo inútil la estirada del guardameta del Espanyol, subiendo al marcador el primer tanto del partido. Más tarde marcaría Makaay.

-¿Por qué elige este gol?

-Porque fue muy importante para los que vivimos el trauma de perder el campeonato en 1994. Fue el tanto que abrió las puertas del título de Liga, el primero en la historia del Deportivo. Tendrá siempre un significado especial para todos nosotros porque habíamos sufrido mucho, y para la afición, que se merecía la Liga.

-Un tanto con una dedicatoria especial.

-Sí, a su amigo Orejuela, un emotivo homenaje.

-También usted marcó un gol con el Dépor.

-Al Valencia, pero prefiero dar valor al de Donato. Ese gol lo cambió todo, empezamos a aspirar a otras metas.

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Mauro Silva: «Me retiré en el club de mi vida y eso es una suerte»