El atacante holandés ficha por el Dépor hasta el 31 de diciembre para intentar relanzar su carrera
17 sep 2016 . Actualizado a las 17:04 h.«Los chicos de hoy tienen actitud, un carácter fuerte. Juegan un par de partidos y ya piensan que se han hecho un hueco en el equipo. Yo no tenía eso, era demasiado educado. No siempre es bueno dar guerra, pero al menos deja huella, dice 'aquí estoy yo'. Si yo hubiera sido así me habría ganado un respeto diferente por parte de jugadores y entrenadores». Cuando en marzo del 2015 Ryan Babel volvió a pisar Liverpool para disputar un bolo caritativo, tenía un montón de cosas que decirle a su yo del pasado. El que había abandonado Anfield sin hacer ruido camino a un club alemán de segunda fila. Aquel movimiento hacia la Bundesliga fue el primer paso atrás del último fichaje blanquiazul, que llega al Dépor con 29 años en otro intento de relanzar aquella tan prometedora carrera tras haber tocado el fondo futbolístico de Oriente Próximo.
Tendrá menos de cuatro meses para convencer y convencerse. Si llegado el 31 de diciembre las dos partes están de acuerdo, el contrato del extremo se prorrogará al menos hasta final de temporada. Si Babel no consigue entrar en los planes de Garitano o sus expectativas no se ven colmadas, la aventura del jugador de Ámsterdam habrá quedado en un paso fugaz por A Coruña.
Aquí llega para saciar las ganas de novedades tras el infortunio de Joselu, pero difícilmente encajará en el molde del silledense, entre otras cosas porque el único parecido entre uno y otro se limita al paso de ambos por el Hoffenheim. El gallego llegó allí en el verano en que el holandés decidió volver a casa. Había jugado bastante en aquel equipo que ocupó el undécimo puesto de la tabla en la temporada 2011-2012 (28 partidos como titular, cinco goles), pero sin acabar de convencer a la hinchada ni al cuerpo técnico. Fue incluido por el diario Sport Bild como uno de los cincuenta peores fichajes de la historia de la competición.
En enero del 2011, el club germano pagó por él diez millones de euros para sacarlo de Inglaterra. Año y medio después, el propio Babel desembolsó tres millones para volver a ser libre. Compró su ficha y se fue al Ajax, donde había arrancado su carrera y pretendía relanzarla. Allí coincidió con un exdeportivista que ayer comentaba para La Voz sus impresiones sobre esa etapa. «Me pareció un jugador buenísimo, tanto técnica como físicamente. Yo tuve una lesión grave y estuve poco tiempo entrenando normal con el grupo, pero creo que si llega con ritmo va a dar que hablar en A Coruña», afirmaba Isaac Cuenca. El actual futbolista del Granada también rechazaba la imagen díscola que puede tener Babel: «Es un chico normal, muy buen compañero. Puede llamar la atención que le gusten el rap o los vídeos, pero eso es muy corriente en cualquier vestuario. Nunca le vi dar un solo problema».
Aquello no acabó de ir bien (cinco tantos y solo catorce partidos en el once) y el holandés volvió a dejar su tierra para disputar la liga turca. Hace un par de campañas fue el segundo máximo goleador del Kasimpasa, con nueve dianas. La última vez que Cuenca y Babel coincidieron, hace un año en un restaurante de Ámsterdam, el segundo iba camino de los Emiratos Árabes. Se enroló en el Al Ain para ser titular en diez partidos en cuatro meses y acabar relegado al equipo B antes de rescindir contrato.
Ansioso por jugar en punta
Esa fue la última experiencia competitiva del nuevo jugador blanquiazul, más allá del tiempo que ha pasado ejercitándose con los reservas del Ajax para no perder la forma.
Recordatorio oportuno de sus días felices en la cantera ajacied, donde brilló hasta el punto de hacerse fijo en las categorías inferiores de la naranja mecánica -estuvo en los mundiales del 2006 y 2010 con la absoluta- y ganarse un esperanzador debut con el primer equipo, con 17 años recién cumplidos. Entonces ejercía de ariete, y así se estrenó a las órdenes de Ronald Koeman. Alternando ese puesto y el de extremo llamó la atención de toda Europa y llevó al Liverpool a pagar unos 15 millones de euros para ponerlo al servicio de Benítez. En un costado de Anfield empezó a perder brillo, mientras reclamaba constantemente una oportunidad en punta. Con 29 años, podría encontrarla en A Coruña.