Martín Lasarte: «Creo que con los años me he quedado sin mi sueño de volver al Deportivo»

El machete de Riazor ejerció como anfitrión de un Deportivo en el que guarda grandes amigos


montevideo / enviado especial

Desde que Martín Lasarte devolvió a la Real Sociedad a Primera, su nombre no ha dejado de incluirse en las quinielas cada vez que se vislumbraba un cambio de entrenador en el Deportivo. Pero los años han pasado y ese uruguayo al que se abrazaba emocionado Arsenio tras la permanencia en el Villamarín -«Ay, Martín, cómo hemos sufrido», dejó O Bruxo de Arteixo para la historia-, se ve cada vez más lejos de «poder cumplir el sueño» de regresar. En Montevideo ejerció de anfitrión de una expedición blanquiazul en la que los más jóvenes pudieron conocer a quien desde hace más de 20 años homenajea Riazor cuando entona el Saca el machete.

-¿Cómo se ha sentido recibiendo la visita de su Dépor?

-Una cosa rara. En realidad a mí me tocó ir un par de veces como entrenador de Nacional en el verano del 2005 y del 2006. Luego también con la Real, algo más complicado, porque estaban en juego los puntos, que a los dos nos iba la vida en ello. Y ahora está el Dépor aquí, y me siento raro, pero también triste por no poder jugar. Con todo, feliz por volver a ver a amigos como Suso Méndez, Lagarda o Barritos. Lástima que Franganillo no haya venido con la expedición.

-Aunque han pasado años, parece que no olvida aquellos partidos de Riazor. Tan especial fue su regreso como entrenador.

-Una demostración única del cariño gratuito que la hinchada siente hacia mí. Y digo gratuito, porque yo no he hecho más que otros muchos futbolistas que han vestido esa camiseta. Lo único que siempre di, y eso siempre fue innegociable, fue entrega, respeto a la institución, honradez y trabajo. Mucho trabajo. Y le cuento esto porque el día de la Real fue tremendo. Estábamos en el banquillo y varios de mis jugadores se quedaron sorprendidos y me preguntaban qué cantaban. «Tomen nota -les dije-, esta es la demostración de que uno debe ser honrado en su trabajo». Me caía la baba viéndolos boquiabiertos escuchando a mi gente de Riazor.

-Desde hace años figura en las quinielas de futuribles para el Dépor, ¿ha llegado a estar cerca?

-En absoluto. Nunca hubo nada. Cuando dejé la Real, me llamó algún periodista asegurando que tenía información muy buena que indicaba que era el mejor colocado. Reconozco que me hizo ilusión. Pero no fue así. Con el paso de los años, llegó a haber alguna pequeña conversación, pero más informal e informativa que otra cosa. Contactos que se hacen en los clubes con muchos profesionales. Nada más allá. Nunca había estado con nadie del Dépor hasta estos días, en los que conocí a los consejeros Fernando Vidal y Enrique Calvete. Pero, obvio, que no fue por nada de futuro.

-Tiene currículo (campeón de Liga y Copa tanto en Chile como en Uruguay, en varias ocasiones y con diferentes clubes) y el cariño de la grada. ¿El Dépor y usted están condenados a encontrarse?

-Nunca sabes si los caminos están condenados a encontrarse. Cuanto más tiempo pasa, más difícil. No soy el único que ha tenido una historia buena en el club. Cada vez voy más mayor y aparecen chicos nuevos... Yo qué sé. Creo que con los años me he quedado sin mi sueño de volver al Deportivo.

-¿Juega en su contra que se le identifique como defensivo?

-Es el famoso tema de los clichés. Quizá no me sé vender bien (se ríe). Yo no engaño. Eso de decir y decir... Yo escucho y leo cosas que luego no veo en la cancha. La gente se cansa de repetirlas y luego parece que son verdad pero no lo son. Le daré un dato: en Chile batimos el récord histórico de puntos y goles. Si eso es ser amarrón o mezquino... Es fácil hablar. Lo que sí digo y tengo claro es que en el fútbol hay dos porterías: una para atacar y la otra para defender. Y yo procuro no olvidarme de ninguna.

-La entrevista se realiza en su casa, en donde guarda muchos recuerdos del Deportivo. ¿Qué siente cada vez que los ve?

-Emoción. Mire que no soy mucho de andar guardando cosas. Pero hay cosas y cosas. El otro día tenía el brazalete de capitán rojo del Deportivo y mirándolo y pensando que venía el equipo, te vas acordando cuando alguien me dijo que iba ser capitán. Me emociono recordándolo.

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