Un alivio. Al Dépor se le exigía que hiciera su trabajo a ello se aplicó, sin necesidad de depender de otros ni de un milagro de última hora en Riazor. Cierto que se encontró con un rival un tanto deprimido, con los deberes hechos y que rumiaba aún el fiasco de Liverpool.
Otra vez la chistera de Fayçal desde fuera del área y el talento de Lucas Pérez. Del primero sabemos que marca goles que no pasan inadvertidos y que es dueño de un motor que le hace parecer incansable, pero, a punto de clausurarse la temporada, desconocemos aún su posición natural. Probablemente, si el francomarroquí la sabía antes de llegar al Dépor, la habrá olvidado, tan perdido como buena parte de un grupo contagiado por la inexplicable cuesta abajo de la segunda vuelta.
Los goles del segundo han sido el único sustento consistente de un equipo que llevaba una vuelta completa sin dejar su portería a cero. El delantero coruñés ha sido la mejor noticia de la temporada de un Dépor obligado a reflexionar para no cometer los errores de la segunda y completar -o sustituir con acierto- una columna vertebral que ha pasado por Lux, Sidnei, Mosquera y Lucas. Una primera vuelta de 27 puntos hubiera merecido cuatro meses de felicidad y no la crispación que ha acompañado al equipo coruñés en la segunda. Todos no pueden estar equivocados.