Arsenio Iglesias vs Johan Cruyff: la guerra de los chupa chups

En el tramo final de la liga de 1994, Arsenio y Johan se enfrascaron en una durísima guerra dialéctica que acabó con Riazor inundado de chupa chups


Tras el fallecimiento de Johan Cruyff, recordamos esta historia ocurrida en el tramo final de la temporada 1993-1994 con el holandés y Arsenio Iglesias como protagonistas secundarios de la dura pugna que mantenían el Deportivo y el Barcelona por el campeonato de liga.

Era abril de 1994, la liga encaraba ya las últimas seis jornadas del campeonato y la teoría de Johan Cruyff no se cumplía, el Dépor, pese a lo predispuesto por el holandés desde principios de temporada, había llegado al tramo final de temporada sin titubear, sin bajar el listón y manteniendo una velocidad de crucero que le llevaban directo al primer título de su historia.

Esa regularidad inquebrantable del Deportivo de Arsenio Iglesias había sacado de sus casillas a Johan, quien especialmente en los últimos meses de competición había convertido cada rueda de prensa en una guerra psicológica contra el equipo herculino, buscando desestabilizar fuera de los terrenos de juego a un equipo constante y firme en el verde.

El Barcelona vivía entonces la mejor etapa de su historia, en plena época del Dream Team, los azulgranas acumulaban tres ligas consecutivas y la Copa de Europa lograda en Wembley en 1992. En el campeonato doméstico, el Barça había tenido que lidiar en aquellos años con el Real Madrid imprevisible y errático de la Quinta del Buitre. Ahora el enemigo era otro, había surgido de manera inesperada de un pequeño rincón del noroeste y, a diferencia de aquel Real Madrid, el Deportivo resultaba ser un equipo fiable, hermético y tremendamente regular, un rival inesperado para el Barça y para Johan.

Por ello el técnico holandés empezó entonces una particular guerra dialéctica contra todo lo que rezumase deportivismo, con Arsenio Iglesias como su principal blanco. Con su característico chupa chups que utilizaba tanto en el área técnica como en ruedas de prensa y que alimentaba la impresión de cierta arrogancia, Cruyff utilizaba su verborrea para aumentar la presión sobre el Deportivo y desestabilizar a un rival que no daba signos de flaqueza: «Yo no estaría muy tranquilo si fuera el entrenador del Dépor», recitaba entoncés el holandés. Cruyff disparaba entonces contra todos los estamentos del deportivismo. Augusto César Lendoiro también fue la diana de sus duras críticas, acusando al mandatario de dedicarse a la política: «No voy a perder ni un segundo con Lendoiro, un hombre que a lo único que se dedica es a hacer política y a quien le interesa hacer declaraciones», decía entonces.

Una guerra dialéctica sin cuartel

Tras la victoria del Deportivo ante el Atlético de Madrid (2-1) en la jornada 32, los de Arsenio Iglesias se mantenían líderes de la clasificación a tres puntos del Barcelona a falta de seis jornadas para el final. Y desde la Ciudad Condal, Cruyff intensificaba sus ataques: «El Dépor ya no puede dar más de sí, está jugando a tope. Ante el Atlético si hubiese jugado con un poco menos de tensión física y psicológica no hubiera ganado. Nosotros, a diferencia de ellos, ganamos los encuentros sin ir a tope» se regocijaba el holandés.  Desde A Coruña, Arsenio Iglesias intentaba desentenderse de las pataletas de Johan en las ruedas de prensa, pero el Zorro de Arteixo a veces entraba en el juego del cruce de declaraciones: «Veo al Barcelona angustiado, como si no estuviese bien dirigido» respondía el técnico herculino.

La prensa catalana había abrazado entonces la táctica de Cruyff de desestabilizar al Dépor, para ello, se valían entonces de la supuesta persecución arbitral contra el Barça para explicar la primacía del conjunto de Arsenio Iglesias: «El incontestable liderato del Dépor ha revelado la faz menos amable del barcelonismo, oculta en el último trienio triunfal (...) Es palmario que el equipo de Cruyff no vive su mejor momento y como en los viejos tiempos, se limitan a agitar el espantajo arbitral. Sus tiros no apuntan ahora al deprimido equipo de la capital del Reino, sino al incómodo y periférico líder de la rebelión de los modestos», explicaba entonces el cronista de La Voz.

Riazor inundado de chupa chups

Todo este cruce de acusaciones y declaraciones procedentes de Barcelona desembocó en A Coruña en una divertida iniciativa promovida por los Riazor Blues que acabó convirtiéndose en una de las estampas antológicas de aquella temporada. El objetivo era llenar Riazor de chupa chups en el encuentro entre el Deportivo y el Tenerife de la jornada 34, en el que se acabaron repartiendo 30.000 caramelos: «La noticia está en las intenciones de los Riazor Blues, que andaban en la tarea de conseguir fondos suficientes para adquirir una buena partida de chupa-chups con el fin de repartirlo entre los aficionados (...) Una iniciatva que supone un apoyo a Arsenio en las últimas declaraciones respondiendo al entrenador del FC Barcelona», contaba entonces La Voz.

Y así fue. Ante el Tenerife dirigido por Jorge Valdano y Ángel Cappa, Riazor se inundó de chupa chups, normales, grandes y gigantes, pancartas de apoyo a Arsenio Iglesias y de críticas hacia Johan Cruyff. Todo ello en el contexto de un partido crucial en la lucha por el título. Niños, padres y abuelos participaron de aquella bonita iniciativa en la tarde del 17 de abril en Riazor, con un estadio repleto que mostró su inquebrantable aliento hacia un técnico y un equipo que habían llevado a la ciudad a soñar con cotas inalcanzables en A Coruña

En un ambiente festivo, el Deportivo venció al Tenerife por dos goles a cero en un trabajado encuentro que resolvió Claudio Barragán con un doblete en la segunda parte. El triunfo permitía a los herculinos mantenerse en lo más alto de la clasificación a falta de cuatro jornadas para el final de la liga.

El resto de la historia ya la conocen. El Barcelona y Johan Cruyff acabaron saliéndose con la suya y levantando el título, después de muchos meses de acoso y derribo dialéctico. Pero quizá, una de las mejores respuestas la dejó el propio Arsenio Iglesias aquel mes de abril, durante una conferencia ante estudiantes en Santiago en el instituto Eduardo Pondal. Allí le preguntaron sobre los chupa chups que tan relacionados estaban con Cruyff: «Están muy bien, me gustan, son ideales para calmar la tensión», contestaba con media sonrisa O Bruxo.

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