Giuseppe Rossi espera encontrar en el Levante el billete para poder disputar la próxima Eurocopa de Francia
19 mar 2016 . Actualizado a las 11:23 h.Un sentido abrazo con lágrimas incluidas de un octogenario levantinista el día de su presentación como nuevo futbolista azulgrana es la estampa del sentir de una afición que ha encontrado en Il Bambino su tabla de salvación en la Primera División. Y podría serlo. Pero del mismo modo, el rival de esta noche del Deportivo es para Giuseppe Rossi el último tren al que subirse para poder disputar la próxima Eurocopa de Francia.
El delantero italiano aterrizó en España en el mercado invernal para revivir los grandes momentos disfrutados hasta hace tres años con el Villarreal. Se presentó como el fichaje estrella de un Levante hundido en la clasificación, que solo tenía 14 puntos, y que desde entonces ha resurgido, sumando 10 en los 9 partidos jugados por el italiano. En su cuenta particular acumula 3 goles en los poco más de seiscientos minutos disputados. Y eso que en su regreso a la Liga se encontró «tres porteros» en la meta del Las Palmas. Así respondió cuando a los pocos minutos de su debut tuvo una clara ocasión tras una sensacional jugada y al llegar ante el guardameta canario erró. «Vi tres porteros», bromeó. Al siguiente partido ya habían desaparecido dos. Y, aunque el Levante sucumbió en el Pizjuán, Il Bambino dejó su huella con un tanto.
Temprano despertar
El regreso a España es algo más que una ilusión para este norteamericano hijo de emigrantes italianos que hasta su primera lesión estaba llamado a hacer historia con la azzurra. Formado en el Parma, adonde llegó desde Nueva Jersey con solo 14 años, Ferguson lo pescó tres después para el United por solo doscientos mil euros. No consiguió triunfar en Manchester pero sí revalorizarse con sus cesiones al Newclastle y Parma. Tanto que, en el verano del 2007, cuando solo contaba con 20 años, el Villarreal ya pagó diez millones de euros por él.
Fueron diez millones de euros más que rentables, puesto que con el submarino amarillo marcó 82 goles en los 192 partidos disputados. Unos números estratosféricos que le permitieron ser internacional, firmando también grandes cifras con Italia. Sin embargo, en pleno apogeo, una lesión se cruzó en su camino. Fue el 26 de octubre del 2011. Ese día marcó el antes y el después en la carrera de Giuseppe Rossi.
El principio del calvario
La rotura de ligamentos de su rodilla derecha no fue sino el principio del calvario del italiano. Pasó seis meses de dolor. De entrenamientos en solitario. De duras sesiones inacabables. De pruebas y más pruebas médicas... Seis meses de sacrificio inútil pues en abril la rodilla volvió a hacer crac.
En plena depresión médica del jugador, el Villarreal descendió y lo vendió al Fiorentina. Su futuro era una incógnita pero los italianos apostaron fuerte. Diez millones más seis de bonus. Tardó casi un año en reaparecer pero lo hizo con goles y buenas sensaciones. Hasta que en enero del 2014 la rodilla cedió por tercera vez. Se recuperó a tiempo para acudir al Mundial, pero Prandelli no se atrevió a llevarlo. Quizá porque sabía que tendría que pasar, de nuevo por el quirófano. Tal y como sucedió. Un año más en blanco para un futbolista de técnica exquisita y olfato superior.
Pero ahí apareció el Rossi luchador. Lejos de rendirse, volvió a recuperarse y ante la falta de oportunidades en el Parma regresó a España para salvar al Levante y hacer más fácil lleno de obstáculos pero ilusionante camino hacia Francia.