El corazón y la cabeza

José M. Fernández PUNTO Y COMA

TORRE DE MARATHÓN

Al Dépor le funcionó el corazón, pero acabó fallándole la cabeza. Después de nueve partidos sin ganar, de haber sumado solo 6 puntos de 27 y de ver como se reducía levemente la cómoda renta que llevaba con respecto a los puestos de descenso, el conjunto coruñés sucumbió a su propia ansiedad, a ese estado ánimo que le invita a empujar a cualquier precio y a no concederse esos instantes de sosiego tan necesarios para desentrañar lo que realmente sucede sobre el terreno de juego. Y lo que pasó tuvo mucho que ver con un rival que se encontró con el partido que soñó durante la semana, con esos espacios que raramente aparecen lejos de la pizarra y que agradecen como nadie jugadores como Sucess, El Arabi o, sobre todo, Peñaranda.

Incluso, tuvo suerte el cuadro coruñés de llegar vivo al descanso, de sobrevivir a un Peñaranda desbocado que pudo haber sentenciado el partido bastante antes de tomarse un respiro en el vestuarios. Poco profundo y excesivamente previsible, con saturación de centrocampistas de corte similar, el Dépor nunca se sintió cómodo, ni en la primera parte, cuando apenas una conexión entre Luis Alberto y Lucas puso en apuros a Andrés Fernández, ni siquiera en la segunda parte, cuando recluyó durante algunos minutos al Granada en su propia área y se adivinaba el empate, por insistencia y no por juego. El juego deportivista tampoco encontró la solución en unos cambios que respondieron a la necesidad, pero no a la reflexión.

El cuadro coruñés sale muy tocado de un tramo de competición en el que acumula diez jornadas sin ganar. Desorientado, sin Sidney, ayer perdió temporalmente a Lux y redujo su ofensiva al talento con cuentagotas de Luis Alberto y a la incansable búsqueda de un Lucas Pérez desesperado por una pelea cada vez más solitaria.