Otra vez estos dos

Xurxo Fernández Fernández
xurxo fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Lof

La pareja Lucas - Luis Alberto sostiene al Dépor en el Molinón y estira su gran comienzo del 2016

07 feb 2016 . Actualizado a las 19:11 h.

De Lucas para Luis Alberto, o viceversa. Así ha vivido (tan ricamente) el Dépor entre la jornada 1 y la 23. A costa de una pareja que ni siquiera se ha visto afectada por la crisis del 2016, ese año aciago en el que el Deportivo no conoce victoria. Lo poco que ha rascado el conjunto blanquiazul en los últimos 33 días se lo debe a su pareja de moda. Fayçal tuvo que hacer el gol de su vida para que el dúo le permitiera colarse en su fenomenal racha. De los seis tantos que han sumado los de Víctor después de las campanadas, cinco se los cocinaron a dos manos entre un coruñés y un gaditano. Un tuya mía constante en el que el andaluz ha hecho de pasador un par de veces y de rematador en las otras tres.

«Si me planto en mayo con cuatro goles nadie se va a acordar de mí», decía esta semana el 21. De momento van cinco y es muy probable que Cuellar lo tenga en su memoria desde ayer por la noche. El futbolista cedido por el Liverpool le puso la firma a más de la mitad de los disparos visitantes (tres de cinco) y devolvió al Dépor al partido justo antes del descanso.

Fue gracias a un disparo ante el que el meta local solo pudo ejercer de testigo. Broche con red de una de las muchas acciones en las que Lucas Pérez demostró un talento especial para vivir de su cuerpo. Para cuerpear, que dice la RAE: «Moverse con ligereza para evitar el golpe». Y en eso no hay otro mejor, ni en la Liga ni en las ligas. El de Monelos cita al central (o a Carmona, el del Sporting) arrimándole la cadera y cuando la despega ya tiene el balón ganado y un metro de ventaja. Así se planta ante el portero o apura línea de fondo, como en el empate del Molinón.

Y a esa habilidad para el quite a tiempo, el 7 le añade la tozudez y sus dotes de adivino. Hora y media, o lo que le echen, se pasa jugando a adivinar dónde y hacia dónde picará la bola, a quién buscará el zaguero con su próximo pase.

Un juego dentro del juego en el que ha logrado involucrar a su amigo Luis Alberto, el Pisha. Que se entiende con Pérez, que se sacrifica (como en su vida) para que el otro no presione solo, que pone el regate, el pase con la vista en el tendido, o el disparo seco para fusilar a Cuellar. Todo al servicio del equipo que se lo robó al Rayo con el billete a Vallecas entre manos. Listo para ponerse la franja, la llamada de Víctor le apartó del camino (bendito el día) y lo llevó a Riazor, a jugar a casa de Lucas.