Magnífica noticia


La salida de Mosquera, de haberse producido, sería algo más que una mala noticia para el Deportivo. Un golpe tremendo para el equipo este año, pero sobre todo al proyecto a medio plazo en el que habían trabajado Tino Fernández, Fernando Vidal y la secretaría técnica.

Ante el buen rendimiento que está ofertando la escuadra coruñesa, con jugadores como Lucas, Sidnei, Mosquera, Fayçal y Luis Alberto llamando la atención de numerosos clubes, Tino Fernández había emprendido una operación blindaje de cara al futuro. El objetivo pasaba por aumentar las cláusulas de rescisión de Lucas (está en veinte millones y será difícil incrementarla) y sobre todo de Mosquera, que con solo cuatro era una pieza al alcance de muchos bolsillos.

El coruñés está siendo no solo un baluarte del Dépor, sino uno de los mejores futbolistas de la Liga. Sus estadísticas así lo reflejan, pero también las sensaciones que transmite en cada partido. Ayuda a dar salida al juego desde la defensa, pasa en largo y en corto, roba una gran cantidad de balones, entra en el cuerpo a cuerpo mucho más de lo que se pensaba en un estilista como él. En A Coruña, precisamente, ha sorprendido por su empaque como futbolista y por su implicación en el terreno de juego.

Sería muy difícil de sustituir, al tiempo que para la afición también sería un golpe moral que se vaya al Valencia, eterno enemigo y protagonista de afrentas tan históricas como inolvidables.

Por otro lado, este asunto pone de manifiesto la existencia de una norma tan absurda como nociva para la igualdad de la competición. Ya le pasó al Celta con Augusto y estuvo a punto de pasarle con Nolito (si es que no acaba sucediendo). Que un club pueda birlarle un futbolista a otro en pleno campeonato lo único que evidencia es que el dinero puede alterar la competición en pleno discurrir de la misma.

De haberse consumado el Mosquerazo, habría sido una tragedia deportiva para el club blanquiazul. Tino Fernández se ha apuntado un gran tanto al conseguir retener al futbolista, que así seguirá en un club serio, arropado por su familia, por sus conciudadanos y por una afición extraordinaria muy alejada de la valenciana, que se caracteriza más por los jugadores a los que lapida que por los que adora.

La permanencia de Mosquera en el club lanza, además, un mensaje de ilusión al deportivismo, que ve como su directiva defiende con uñas y dientes al club, sin cobrar un euro por ello.

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