Siempre nos quedará Lucas

José M. Fernández PUNTO Y COMA

TORRE DE MARATHÓN

Un punto de crueldad. Ni el Dépor acumuló deméritos para merecer tanto castigo ni el Valencia para llevarse un empate. Manejó el partido el equipo coruñés con cierta comodidad, gracias a un centro del campo que, sobre todo en el primer tiempo, ejerció un incuestionable control sobre el juego y fue capaz de impulsar el peligro de la sociedad, cada vez más letal, que forman Luis Alberto y Lucas Pérez.

Si Mosquera volvió a ser el jugador total, generoso y acertado, del inicio de la temporada y Bergantiños el escudero ideal, el Dépor se impulsó también con la delicadeza de Cani y la entrega de Faysal. Por ahí, hasta que los cambios modificaron el discurso, el cuadro coruñés se acercó más a las posibilidades de un grupo que además de saber competir tiene más fútbol del que aparentó durante las últimas semanas, y juego suficiente para que Lucas Pérez no se desespere persiguiendo sombras o balones imposibles. El delantero coruñés aprovechó una espectacular delicadeza de Luis Alberto para marcar su gol número 13, aunque, una vez más, fue el principio y final de casi todo el peligro que genera el Dépor, el jugador al que aferrarse cuando se entrega la iniciativa al rival, se especula con el tiempo o se acumulan futbolistas de corte destructivo. Incluso en noches que, como la de ayer, un auxiliar la hace la vida imposible. Marca cuando la maquinaría funciona y cuando hay atasco general; mejora un buen pase y se fabrica goles en soledad. Siempre está. Ayer también.