Este equipo merece la pena, incluso perdiendo


Si el Dépor lucha actualmente por los puestos europeos se debe a que dispone de un grupo de futbolistas extraordinariamente competitivos que se ordenan como nadie en el terreno de juego. Su rigor táctico le ha valido al Dépor muchos puntos y es el que le ha hecho fuerte a lo largo de esta magnífica primera vuelta.

Ayer, en una primera parte posicional, con dos equipos practicando un fútbol hierático, el Villarreal tuvo la fortuna del que camina por la calle y se encuentra un billete de cincuenta euros. No contaba con semejante botín porque claramente había apostado porque el rival no le hiciera daño. En el Dépor, otro tanto. Las ataduras tácticas, el rigor en las posiciones, el temor a encajar, la obsesión por seguir el guion... Y nada de pimienta. Solo un fogonazo fallido de Lucas. Y solo un despiste en defensa que se convirtió en gol porque estas cosas pasan en el fútbol incluso cuando no pasa nada.

Pero nada más comenzar la segunda mitad, un rebote activó a Lucas y el partido sufrió un clic decisivo. Con Superlucas desencadenado, el Dépor se desató. Se acabó el miedo y el partido pasó de ser una partida de ajedrez para entendidos a convertirse en una riada de adrenalina, con la tropa de Víctor yendo al frente, de cara y a por los tres puntos. La grada lo agradeció porque la pasión es un elemento indispensable en el fútbol, tanto como el orden, cuestión que el Deportivo no olvidó.

El ímpetu blanquiazul no sirvió siquiera para puntuar. Una injusticia a la que se llegó con la colaboración del árbitro, que incomprensiblemente no pitó penalti en una acción en la que Arribas fue arrollado más allá de una razonable lucha por un balón aéreo. La jugada fue clarísima, con el bravo central emparedado y golpeado brutalmente en una salida excesiva de Areola. Fue mucho más claro que el que sí pitó en el descuento y que dejó al Dépor sin el premio de al menos un punto, que le habría mantenido en posición europea. Es el poder de los árbitros, que con sus aciertos y errores deciden tantos partidos como las estrellas de la Liga.

Al margen de la derrota, una vez más este grupo de jugadores ha demostrado algo muy importante. Lo puede hacer bien, mal o regular, pero los aficionados saben que tienen un equipo que, cuando equilibra pasión y rigor táctico, siempre merece la pena. Aunque pierda.

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