Un discreto revulsivo

Xurxo Fernández Fernández
xurxo fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

MARCOS MÍGUEZ

El siempre efectivo Bergantiños vuelve a simbolizar la reacción del Deportivo

24 nov 2015 . Actualizado a las 14:51 h.

Acabó el Mundial del 98 y a Barthez dejó de hacerle gracia lo de que le besaran la calva.

La mecha la había encendido Chirac. En plena celebración por el título, el presidente de la República se aferró a la cabeza del portero para repetir el gesto más famoso del torneo. Después de aquello, el meta pasó meses negándole a los aficionados franceses un tramo de azotea en el que desfogarse. Los hinchas detenían por la calle a su jugador fetiche para intentar emular a Blanc, el central que antes de cada encuentro llamaba a la suerte plantando sus labios sobre la coronilla pelada del arquero.

En Riazor, la interpelación a la fortuna sucede en privado y no se necesitan dos para atraerla. Álex Bergantiños arranca los partidos con un beso cariñoso a su pierna derecha. La que le hizo pensar en retirarse a los 15, cuando se rompió la tibia jugando para el Imperator. La que el sábado repartió más pases que ninguna en el Deportivo durante el último derbi.

El ósculo encierra algo más que un ataque de superstición del de la Sagrada. Ayuda al centrocampista a recordar que fue capaz de superar la gravísima lesión y alcanzar ese sueño del que muchos futbolistas alardean, pero que pocos cumplen, por voluntad propia o ajena: hacerse un hueco en su equipo de toda la vida. Hace un mes, tras haber disputado solo 28 minutos y con Borges todavía entero, el 4 blanquiazul proclamaba su perseverancia en una entrevista con La Voz: «Ser suplente no me hará renunciar».

Un 70% de pases acertados

Se definía como un diésel al que le cuesta arrancar y renovaba su voto de trabajo: «No soy un jugador vistoso ni con una calidad tal que vaya a ganarme el puesto sin currármelo». Contra el Celta, el 30% de sus pases no encontraron destino, pero volvió a destacar en lo suyo: fue el jugador que más balones robó y el segundo de los locales en kilómetros recorridos. Señas de identidad de un coruñés (el tercero de los alistados el sábado por el Dépor) que apenas ha notado el cambio de míster y temporada. Fernández, como Sánchez, titubeó el curso pasado antes de dar pie a Bergantiños. Acabó haciéndole un hueco frente al Elche, también tras un parón, y el equipo corrigió el rumbo gracias a una sufrida victoria.

Como en el derbi, con un triunfo redentor que el de La Sagrada festejó con el entusiasmo habitual. El de quien se ciñe al tópico y siente los colores, más allá de suplencias y ataques mafiosos en Abegondo. El de un jugador de la casa que prefiere el anonimato y cumplir sin estridencias en cualquier plaza. Ha sido centrocampista, central, lateral y hasta portero (frente al Levante, hace tres años). Como Barthez, pero sin calva; que para recibir besos está esa imagen de Santa Gema que lleva en honor a su madre y la tan sufrida pierna buena