Más energía que juego. Un Dépor de refresco con respecto al conjunto que cayó en Riazor frente al Sporting, alejado de la sólida versión que mostró en Vallecas, pero con oficio y seguridad para conquistar el Villamarín con más merecimientos que los que acumuló el conjunto asturiano en Riazor el domingo pasado. El Dépor no se acercó a la máquina perfectamente engrasada, versátil y con veneno de la tercera jornada, pero sí conservó la competitividad y generosidad que ha mostrado desde el inicio de campaña. Aguantó sin excesivos apuros a un Betis con más talento que físico y conquistó los tres puntos porque fue más efectivo y constante.
Cuatro novedades. Una apuesta arriesgada, porque, al fin y al cabo, Víctor se dejó en el banquillo al cuarteto que hasta ayer había fabricado todos los goles de su equipo. El resultado habla bien de la profundidad de una plantilla que prácticamente permite dos onces completamente diferentes en apenas cinco días. Y en la recámara, Fabricio, Cani, Oriol, Lopo, Bergantiños, Jonás... Un dolor de cabeza cuando las cosas bien, pero una bendición si se maneja con acierto.
El frenético arranque prometió más de lo que mostró finalmente. Una ida y vuelta valiente, pero a la que quizá le faltó pausa para escarbar en un zaga local de apariencia frágil. Tampoco el Dépor transpiraba fortaleza entre líneas, pero siempre fue un conjunto más decidido y entero, una versión mejorada del Sporting de cuatro días atrás en Riazor.
Fede Cartabia y un contraataque ejemplar impidieron un tostón. El Deportivo tiene recursos, pegada y fútbol para disfrutar de una temporada sin sobresaltos.