Un linchamiento al amanecer que huele muy raro


El comunicado leído por el capitán del Deportivo es un hecho insólito. Que toda la plantilla (Manuel Pablo se supone que la representa) consensúe un comunicado para echar a los leones a un compañero y afearle la conducta en público, no solo no es habitual, sino que va en contra de la máxima de los futbolistas de que los trapos sucios se limpian en el vestuario. Porque además, no solo le reprenden, sino que en realidad le están echando a la calle, añadiéndole a ello un daño consciente en su reputación ante posibles equipos que pudieran interesarse por sus capacidades futbolísticas, que las tiene por encima de la media del equipo.

Resulta obvio que Luisinho no es bien querido en la caseta y que algo ha debido de hacer para granjearse tanto cariño. Pero la actuación, liderada por Manuel Pablo (es quien dio la cara) ha significado una especie de subversión de los papeles de cada cual en el club. Y no hay que olvidar que el plantel no es nadie en asuntos disciplinarios. Y no debe serlo. «Entendíamos que esto no podía repetirse y debería ser sancionado convenientemente», dice el comunicado. La plantilla, o el grupo de poder que marca la pauta en la misma, decidió castigar a Luisinho, como si los futbolistas hubieran establecido su propio código de conducta, con el correspondiente reglamento disciplinario y el pertinente órgano sancionador.

Sorprende más aún ver en primera fila a Manuel Pablo leyendo el comunicado, cuando en otras etapas de su trayectoria profesional nunca actuó de igual forma con hechos intolerables y mucho más graves. ¿Alguna vez hubo un comunicado de la plantilla para denunciar que algunos compañeros no rendían por sus reincidentes borracheras? Todo lo contrario, fueron protegidos en aras de un compañerismo y amistad malamente entendidas. El perjudicado era el Dépor, pero parece que ahí lo realmente importante era defender a un amigo. ¿Hubo comunicado cuando le partieron la cara a Aouate?

Tampoco se recuerda a la plantilla elaborar un comunicado para salir al paso del acoso ultra al que estaba siendo sometido en su momento Alex Bergantiños, sino, muy al contrario, pudo escucharse a Juan Domínguez decir que los radicales se portaban bien «como siempre».

Que Luisinho se merezca un castigo es una cosa, pero que sea fusilado al amanecer, es otra. No ha actuado bien Manuel Pablo. Ni la plantilla. Han sobredimensionado su papel en el club. Y alguien debería decírselo. Luisinho sería inaguantable, pero el linchamiento al que ha sido sometido por sus compañeros es raro. Muy raro. Demasiado raro.

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Un linchamiento al amanecer que huele muy raro