Después de catorce jornadas, siete para Víctor Sánchez del Amo en su estreno en los banquillos, el Dépor se reencuentra con el triunfo, de forma tan justa como angustiosa. Una victoria necesaria, pero quizá insuficiente.
Con más esfuerzo que fútbol y, de nuevo, con un héroe inesperado: Lopo. Donde no llegó el fútbol, el conjunto coruñés le puso corazón, como en San Mamés la semana pasada. Suficiente para haber sobrevivido de forma holgada en una Primera División que concede permanencias con 35 puntos. Un tanto de compromiso, tres puntos para pensar que el milagro aún es posible, aunque la única forma de garantizarse la permanencia es sumando tres puntos en el Camp Nou, ganando dos partidos consecutivos, algo que el Dépor no ha hecho a lo largo de la temporada. Solo así dependería de sí mismo. El empate o la derrota dejaría el futuro del conjunto coruñés en manos del Valencia o del Córdoba, o incluso del Atlético. Con un punto más en estos momentos las posibilidades de permanecer en Primera crecerían de forma casi ilimitada; quizá un castigo por haber bajado los brazos de forma incomprensible en un par de duelos o asistir a citas en Riazor que, desafortunadamente, nada tuvieron que ver con lo vivido ayer.