No ha solucionado todos sus males, pero al menos ha frenado la caída libre que comenzó en Getafe y continuó el miércoles en Córdoba. Pensar que apenas tres días han sido suficientes para que Víctor Sánchez del Amo haya puesto remedio a una hemorragia que amenazaba con meter al Dépor en un pozo de difícil salida es tan iluso como no ver que el conjunto coruñés saltó a Anoeta con más convicción y firmeza que en sus últimos compromisos.
Cierto que -exigencias de su delicada situación y de sumar solo 2 puntos de los últimos 24 en liza- acabó entregándose al pragmatismo, a la conservación de un punto que celebró como si de una victoria se tratara. Arrancó decidido y se apropió del primer tiempo y fue capaz de reaccionar en dos ocasiones, de empatar un partido que parecía esfumársele, primero con un penalti y después con el gol de su vida del Chory Castro. Y en la actual situación recuperar la fortaleza mental para el esprint que le espera es tan necesario como encontrar un estilo que le permita ser competitivo.
Contrariamente al mensaje reformista que trataba de paliar el devastador efecto del una nueva época, Víctor Sánchez del Amo «apenas ha modificado nada para que nada siga como estaba». Un once habitual y unas cambios previsibles, pero, eso sí, un envoltorio y una intención distintos. El conjunto coruñés presionó con más firmeza la salida del rival, concedió la manija de la estrategia a Lucas y elevó el nivel de tensión en sus disputas. Suficiente para recuperar un cierto optimismo para el tramo decisivo. Al margen del infantil error de José Rodríguez, el cuadro coruñés apenas concedió ocasiones, mejoró el orden defensivo y su nivel de concentración está muy por encima de lo habitual. Material para alimentar el futuro.