El Deportivo empezó el partido convencido de sus posibilidades, perdió fuelle antes del cuarto de hora y acabó logrando un empate con un hombre menos
09 abr 2015 . Actualizado a las 12:35 h.Ver al colista enfrente, saber que la salvación pasaba por ganar el partido de ayer, notar un ambiente mejor que el de otras ocasiones, sentir el agua el cuello... Son sensaciones que llevaron al Deportivo a salir metido en el partido. Pero no le llegó, su entusiasmo duró pocos minutos. Luego, llegó la desidia. Posteriormente, la búsqueda de la épica. A continuación la indignación con el colegiado. Y, finalmente, la desazón de ver cómo se fue otra oportunidad de alejarse del peligro. Una situación que le ha costado el puesto al técnico, Víctor Fernández.
Gaseosa
Diez explosivos minutos. El conjunto blanquiazul saltó convencido al campo. Los mediapuntas y el delantero presionando la salida del balón del Córdoba y los mediocentros achuchando en su parcela. Fruto de este explosivo inicio del partido llegaron dos disparos peligrosos por parte blanquiazul. Primero fue Luis Fariña, que la envió pegadita al palo derecho de la portería de Juan Carlos, y a continuación Isaac Cuenca cerca del travesaño. Solo iban cuatro minutos y el Dépor había mostrado sus credenciales. Sin embargo, el efecto gaseosa se diluyó en apenas diez minutos.
Precauciones
Los laterales alternaron sus subidas para proteger la zaga. Cuando un equipo cuenta con laterales netamente ofensivos como son Juanfran y Luisinho, presenta el inconveniente que, si no alternan las subidas, la defensa puede quedar vendida. Le pasó al Dépor este año en muchos partidos. Pero ayer, al menos en la primera parte, parecieron tener aprendida la lección y se turnaron a la hora de recorrer cada uno su banda. Pese a todo, hubo una banda que fue un auténtico coladero. Juanfran lleva semanas sin estar al nivel que había exhibido a principio de temporada. Le cuesta defender y sus centros no son lo que fueron. De hecho, el gol llegó por su banda.
Sistema
Casi media hora con dos puntas y dos extremos abiertos. Con el cero a uno en el marcador, Víctor apostó por meter peso arriba. Si inicialmente había salido con sus sistema tradicional, apostando por Toché como referente en lugar de Oriol Riera, mediada la segunda parte optó por utilizar sus dos arietes con dos extremos natos (Cuenca y Helder Costa). Además, recurrió al guante zurdo de Medunjanin en lugar de un gris Borges con tarjeta amarilla. De poco sirvió pues el gol fue en propia meta a la salida de un córner.
La expulsión
Riesgo de Luisinho, con amarilla, y exceso de celo arbitral. Con el Dépor intentando creer en sí mismo, medio volcado en ataque, la expulsión de Lusinho terminó por romper al equipo. Con una tarjeta amarilla, que le enseñó el árbitro en la primera parte cuando le hicieron penalti, el lateral portugués arriesgó empujando absurda y descaradamente delante del juez de línea. Su error y el exceso de celo de un desafortunadísimo Prieto Iglesias dieron con el luso en el túnel de vestuarios tras la segunda amarilla. La hazaña se convertía en milagro. Y el Dépor había demostrado ya que no está para excesos.
Minifundios
La distancia entre líneas se acrecentó con las batallas individuales libradas. Ni en los primeros instantes que hubo intensidad, el Dépor jugó como equipo. La mayoría de los jugadores trataron de resolver el partido por su cuenta, librando batallas inocuas que no condujeron a ganar la guerra.
Riazor volvió a arropar al equipo, pero dio la espalda a Víctor Fernández
Riazor recuperó parte de su colorido. La trascendental cita frente al Córdoba hizo reflexionar a la parte más crítica de la grada que regresó al estadio y puso cierto colorido a una grada que en el último encuentro había estado excesivamente fría.
La hinchada más bulliciosa regresó, pero no sin antes condicionar su vuelta a la presencia de la polémica pancarta que tres semanas antes había motivado su ausencia, la de «Jimmy vive», que mostraron mediada la primera parte y exhibieron ya durante el resto del encuentro.
No fue el ambiente vivido en anteriores citas a vida o muerte, tanto en Primera como en Segunda, pero Riazor ayer sí que estuvo al lado del equipo.
El ya tradicional grito de «Tebas vete ya», en el minuto 12, sirvió para templar las gargantas, que instantes antes se habían excedido con dos tiros a puerta de Luis Fariña e Isaac Cuenca, respectivamente. Poco a poco la hinchada se fue contagiando del buen ánimo de los más jóvenes. Las acciones polémicas (penalti reclamado por Cuenca, amarilla no mostrada a Edimar, fuera de juego del Córdoba o gol anulado por orsay de Toché», provocaron un bullicio mayor, que concluyó con un Riazor volcado con tres córneres consecutivos en los últimos instantes del primer tiempo y una despedida con pitos al colegiado.
Con anterioridad, los nervios se dejaron ver en el graderío con bronca a los jugadores cada vez que había una acción lenta o de dudas para sacar el balón.
En la segunda parte, a raíz del gol del Córdoba, Riazor estalló de forma unánime en contra de Víctor Fernández, entonando el «Víctor vete ya», previo a un «Fernando Vázquez». La división de la grada con el hasta ayer técnico quedaba de manifiesto una vez más antes de que le costara el puesto a un entrenador cuestionado desde el día que aterrizó en el estadio municipal de Riazor.