Una semana más el Deportivo debe convivir con el amargo sabor de la derrota. Esta vez fue el Valencia el que privó al club herculino de unos puntos cada vez más trascendentes para su supervivencia en la élite. Cinco semanas desde el derbi y solo un punto recaudado es un bagaje preocupante. Y a pesar de ello vemos que el equipo tiene maneras, es reconocible y ofrece un cierto nivel de aparente potencial. Para sí quisieran muchos otros equipos a algunos de los jugadores deportivistas, su calidad está fuera de toda duda pero la realidad dice que las individualidades que conforman el grupo no derivan en un equipo que sea capaz de ganar los puntos necesarios para ver una correlación entre potencial y clasificación.
Tras semanas de convivencia con la ausencia de puntos que hagan al conjunto crecer en la clasificación, se invade de manera preocupante la zona de la duda y la incertidumbre. El equipo tiene serios problemas con el gol. No ofrece garantías de poder alcanzar la máxima eficacia ofensiva en cada partido, les cuesta un mundo y cuando marca, le marcan. Esta circunstancia es sintomática, cuando el Deportivo marca, luego le marcan. Eso muestra el estado de agobio y de tensión que provoca ir ganando y entrar en situación de temor por perder lo alcanzado, profecías auto cumplidas en sentido negativo, se marca gol y se teme el empate, se empata y se teme al gol de la derrota. La teoría de la manta corta se hace patente, nos tapamos los pies y descuidamos la cabeza y viceversa. Este es el síntoma más claro y contundente que ofrece la duda, el temor, la ausencia de una confianza consolidada por la consecución de una competitividad que ofrece rendimientos colectivos. La fuerza de la individualidad no se traducen en rendimiento y eso empieza a ser preocupante.
Se estima que las próximas jornadas pueden ser propicias para la consecución de los puntos necesarios que alejen al equipo de las zonas de peligro. ¿Por qué se estima?, no lo sé, se ha especulado con ello pero lo cierto es que el Deportivo, como equipo de élite que es, debe ser capaz de competir contra cualquiera y en Primera División, se le puede ganar a cualquier rival y a la vez cualquier oponente puede ganarte a ti, de ahí que cada partido sea la frontera entre la victoria y la derrota, cada encuentro debe ser el siguiente objetivo, quienquiera que sea el rival, estudiar cada semana las virtudes y defectos propios y ajenos y en virtud de nuestro criterio futbolístico salir a buscar los tres puntos en liza. Pero para ello se necesita empezar a encontrar el porqué de una situación que empieza a pesar como una losa. El Dépor debe encontrar la manera de competir para alcanzar los puntos necesarios para permanecer en la élite.
A Coruña tiene empaque, infraestructura y cultura de Primera División. Debe mantenerla y consolidarla.
Álex Couto es entrenador y autor del libro «Las grandes escuelas del fútbol moderno»