Lucas Pérez, un patrimonio a cuidar

Álex Couto

TORRE DE MARATHÓN

Hay jugadores que por su presencia marcan una dinámica distinta a los demás. Su velocidad, la intensidad con la que participan, su percepción distinta del juego y la manera de interaccionar con sus compañeros los hacen diferentes.

Desde la recuperación de Lucas Pérez, su entrada en el equipo ha dotado al grupo de un valor y unas consecuencias que antes no había podido disfrutar. Lucas ha aportado frescura al juego y además ha añadido una dosis de sentido de pertenencia que ha empapado de identidad al grupo, una faceta que no se percibía a simple vista pero que es fundamental para entender un equipo como tal. El Deportivo es más de aquí con la presencia y la participación de Lucas, es más reconocible, más cercano.

Sus aportes no han provocado cataclismos en los rivales, no han hecho que el equipo repentinamente multiplique sus créditos pero ha generado ilusión, esa sensación, esa emoción que tanto se echaba en falta. Su velocidad y su verticalidad nos han recordado que el fútbol es y será siempre cambio de ritmo, sorpresa. Dante Panzeri lo gritó en su Argentina natal a los cuatro vientos y su eco aún se escucha hoy en día si prestamos atención, el fútbol es de los futbolistas, de los inteligentes, de los rápidos, de los que hacen con el balón acciones impensadas que te levantan del asiento, que te involucran directamente con lo que está ocurriendo en el terreno de juego. Eso ocurre con Lucas Pérez.

El Deportivo necesita encontrarse para definir su camino futuro, para ello debe reconocer un estilo, unas formas, un criterio y con la gente de la ciudad esa búsqueda es más fácil, más útil, correr para meter gol, buscar el desmarque de ruptura para generar espacios, bajar y sacrificarse para ayudar a las líneas que están en apuros, ser parte integrante y además generar valor añadido, ese que multiplica cuando uno entiende el valor de la camiseta, cuando conoce quienes éramos antes, cuando recuerda en donde estaba cuando empezaba, y sobre todo cuando estima y valora en donde está ahora. Jugar para el equipo de tu ciudad tiene una exigencia personal enorme, uno no puede esconder sus sentimientos y estos afloran en cada partido y gracias a ello la gente te mira, te busca, espera que en el momento más trascendente tu figura de un paso al frente y con un ademán, arengues a tus compañeros para empujarlos hacia un poquito más, hacia un último esfuerzo, porque uno de aquí lo siente así y Lucas promete y ejerce. Con él uno tiene esas sensaciones.

Volver para ser uno que al haberse ido nunca olvidó en donde quería estar y sobre todo, volver para quedarse y representar un valor que debe y necesita ser protagonista. Un jugador de la ciudad es un patrimonio a cuidar.