A Juande lo mató el hambre. Llegó al Tottenham un 26 de octubre, lo sacó del descenso y lo metió en la final de la Carling. Su equipo ganó el título, en un duelo calcado al que se celebrará este domingo en Wembley, pero el siguiente 26 de octubre el míster se fue al paro. Un año a dieta resultó demasiado para los esforzados jugadores de los Spurs, que comenzaron la temporada 2008-2009 en rebeldía (y con tipín) pero recuperaron la voracidad competitiva en cuanto el bonachón de Harry Redknapp accedió a devolverles sus pasteles.
Un lustro después, Moyes se juzgó también por encima de los caprichos alimenticios de su plantilla: vetó las patatas fritas en los viernes noche del United. Ferdinand, que había regalado el gol de la victoria a Ferguson el día de su despedida, no se esmeró tanto en el adiós prematuro al sucesor del escocés. El central dedicó un buen pedazo de su autobiografía al hoy técnico de la Real. Le afeó, entre otras cosas, tratar de imponer un modelo que ni él tenía claro en su cabeza (y haberles quitado las patatas).
El alabado formato inglés lo mismo dota de emoción al campeonato y llena de gente los estadios que transforma cualquier plantel en agrupación de divas. Los clubes decidieron hace tiempo limitar al mínimo los contactos de sus jugadores con la prensa, que a cambio se dio barra libre para cebarse en lo extradeportivo. Airear bodas, divorcios desfiles, borracheras, peleas de bar y ciclogénesis de vestuario.
Los medios españoles son más propensos a dejar en paz al futbolista mientras no haya imputación o condena. Obtienen a cambio una ración diaria de tópicos servida en salas de prensa. Las quejas del jugador nacional son (casi) siempre postmorten. En cuanto se esfumó Lotina, Riki hizo público su despecho y acusó repetidamente al de Meñaka de haberle torpedeado la carrera. Cuando Fernando Vázquez se obsesionó con el peso de alguno de sus chicos, la gusa se mató en voz baja. Sí que hubo breve conato de motín en Monforte, pero fue porque el profe se empeñó en alargar la estancia pese al palpable hastío de sus chicos. Y es cierto que el Fabril dobló al primer equipo en Arouca, pero aquel día el futuro no se decidía en Portugal, sino en el Obelisco.
Desde que se fue Djalminha, los técnicos del Dépor viven a salvo del desahogo de sus pupilos. Si estos han necesitado aliviarse, han echado mano de un compañero o un chico de la prensa. En ese terreno favorable, abonado además por la eventualidad de los jornaleros, han medrado entrenadores de toda índole. El de ahora ha establecido un área de seguridad virtual que le aleja de esporádicos cabezazos, y lo ha pagado en dosis de cariño.
Ahí está Toché, que se ha pasado la semana picando a su amigo JIM. El intercambio de puyas comenzó el martes, cuando el míster le mandó un mensaje para felicitarle por su paternidad. Al futbolista murciano le habría gustado reencontrarse en los Juegos del Mediterráneo con su técnico favorito. «Soy hombre de Juan Ignacio», declaró el día en que decidió seguir al alicantino del Albacete al Cartagena. Y la fidelidad ha quedado refrendada en diversas paparotas después de que se extinguiese la relación profesional.
Hasta ese punto llegará el duelo de estilos en Almería; porque pocos entre quienes fueron (o son hoy) hombres de Víctor han gozado de la misma cercanía. Si algo destacan sus meritorios es más bien lo contrario: va al grano y se ciñe al verde. Con algunos apenas ha cruzado palabra. El maño ningunea el alma, y en Inglaterra, donde se juega al fútbol desde la Edad Media, se han encontrado ejemplos de los riesgos que entraña cualquier exceso en el culto al cuerpo.