Acudí a Riazor a ver el derbi y el Deportivo empezó el partido mejor que el Celta, pero esa presión e intensidad le duró veinte minutos. A partir de ahí el rival se sintió más cómodo, disfrutó del manejo del encuentro y enchufó a sus jugadores de ataque, que son todos peligrosos y determinantes, por lo que gracias a ellos tuvo todo de cara en los momentos trascendentales del partido. Por regla general no me gusta calificar un resultado como justo o injusto, pero en este caso creo que el cómputo del partido respondió más a un empate. Si el Celta no hubiese marcado tan pronto, o si el Dépor hubiese empatado en la doble parada de Sergio y el remate al larguero de Riera, o si no expulsan a Lopo, estoy seguro de que hubiera podido pasar de todo. El 0-2 final fue abultado, porque el equipo compitió bien, pero no tuvo las dosis de fortuna necesaria para lograr un resultado favorable.
El equipo está en un momento bueno de la temporada, con una idea más asentada que al inicio, los fichajes han aumentado el rendimiento competitivo general y ahora quizá entren más nervios, pero esta derrota no va a dejar secuelas, porque el Dépor siempre dio la cara. Y estoy convencido de que la afición lo entendió así, porque no salió decepcionada, sino disgustada por perder todo un derbi, pero solo tres puntos.