Hubo un tiempo en que los jugadores solo realizaban una de las dos funciones posibles en el fútbol. O defendían o atacaban. Imperaba la univalencia. Pero llegó un día en que surgió un equipo desconocido, de un país minúsculo, donde todos los jugadores defendían y atacaban. Este equipo, el histórico Ajax, consiguió grandes resultados y, poco a poco, el viejo paradigma entró en crisis y emergió el de la polivalencia. Es la historia general de las teorías, surgen, viven y entran en crisis.
Djalminha es un jugador que vive fuera del paradigma de nuestro tiempo. Su percepción del fútbol no se puede entender desde los cánones del fútbol actual. Basta ver los primeros planos de Irureta. Se desespera, no lo puede entender.
A veces, en mi opinión, para enseñar a los niños a jugar al fútbol, me valgo de sus ídolos para hacerles ver algunos conceptos. Recuerdo que un día quise hacer esto mismo y le pregunté a uno de mis pequeños futbolistas ¿cuál es tu ídolo? Djalminha, me contestó. Me sorprendió, no sabía qué decirle y acabé con un déjalo, Djalminha es inimitable.
Es evidente, al niño no podía explicarle lo de los paradigmas. Djalminha es el último romántico, que corre incansable por la senda de la imaginación. Representa lo que nos gustaría ser y no podemos, lo prohibitivo. Djalminha no es real.
Tino Arce es catedrático de psicología y entrenador de fútbol. Este artículo fue publicado por primera vez en La Voz el 8 de febrero del 2000.