Por primera vez en la historia se presenta la SD Eibar en Riazor como equipo de Primera División, algo que representa una grata manifestación de tarbajo y coherencia
04 feb 2015 . Actualizado a las 09:24 h.Por primera vez en la historia se presenta la SD Eibar en Riazor como equipo de Primera División. Lo que en su momento supuso una sorpresa mayúscula en el fútbol español es hoy día toda una realidad, una grata manifestación de trabajo y coherencia en un entorno de élite caracterizado por la máxima exigencia competitiva. El fútbol nos suele regalar este tipo de situaciones, un equipo al que nadie espera y que se presenta sin avisar para mezclarse con desparpajo entre la flor y nata del fútbol nacional.
Sus números son su mejor carta de presentación y sus perfiles de visitante no invitan a esperar a un conjunto cómodo, sino más bien todo lo contrario. Asentado en el octavo puesto de la clasificación, con 27 puntos, ha demostrado hasta el momento un sentido competitivo que lo sitúa entre lo práctico y lo pragmático. Un equipo que tiene números muy parecidos tanto en casa como fuera de Ipurúa, con una manifestación futbolística que recoge el espíritu ilusionante del debutante y la entereza de quien conoce el oficio, a pesar de estar entrenado por un joven director técnico que a fuerza de demostrarlo cada semana, refrenda la sentencia de que el conocimiento se impone a la experiencia. Gaizka Garitano ha hecho de la necesidad virtud y ha sabido gestionar los recursos técnicos y estratégicos de su equipo con la maestría propia de un gran líder. La consecuencia, llegar en tiempo récord desde la categoría de bronce al más alto nivel del fútbol español. Su secreto, competir sabiendo sacar partido a las fortalezas y virtudes de sus futbolistas y reducir el riesgo a verse obligado a mostrar sus defectos. A su alrededor, gente que suma y un organigrama directivo que desde la humildad y la escasez de recursos ha sabido maximizar rendimiento y generar plusvalías que han determinado la bondad del logro a lo largo de un arduo camino. Todo un espejo en el que mirarse.
El Deportivo, quien se impuso en la primera vuelta por la mínima, recibirá en Riazor a un equipo que se ha mostrado eficiente en la obtención de resultados como visitante, alcanzando más puntos fuera que en su propio feudo. Un equipo que encaja muy poco a pesar de que tampoco golpea con fuerza pero que es capaz de sacar partido a los goles marcados y convertirlos en los puntos necesarios para que perviva sin grandes agobios entre los mejores, algo que pocos intuían allá por el mes de agosto.
Partido de muchos matices y de sumas claras. El Deportivo necesita hacer de Riazor su santuario, su fortín, el Eibar todo lo que suma le multiplica, ello supone un rédito en términos de estados de ánimo que deben dejarse ver en el verde e incidir en el juego. Necesitar y desear contra fortalecer y acumular.
Álex Couto es entrenador y máster profesional en Fútbol. Autor del libro «Las grandes escuelas del fútbol moderno»